Capítulo 11

1247 Palabras
XI Fito no podía creer lo que estaba sucediendo. Unas manos suaves se posaron en sus hombros, no obstante, lo aprisionaron con la fuerza suficiente como para doblegarlo. En ese momento quien lo veía era Suni. La hermosa mujer de ojos castaños y cabello n***o hasta los hombros, con su flequillo perfecto y sus labios delineados. Con sus piernas largas y torneadas, con su nariz exquisita, con las pestañas largas, quizás que lucía algo de exceso en el maquillaje. Con esa cintilla en la garganta que solo hacía que se viera más hermosa. Fito tuvo que cerrar los ojos antes de caer en la mirada de ella. Porque en ese momento Dan no se encontraba, estaba Suni, y era algo monstruoso. —Hoy es un día importante. Todo podría terminar —dijo, soltándolo de repente, asustando un poco a su amigo—. Gracias por estar conmigo. Luego salió de allí, a la cita con ese que amaba. Dobargo se quedó largo rato en la habitación, viendo las cosas de «ella» y Dan revueltas; ya no supo dónde comenzaba su amigo y dónde terminaba Suni. En el restaurante, muy sobrio, por supuesto, él ya la estaba esperando. Se alegró mucho de verla y le ayudó con el asiento como todo un caballero. Dan estaba algo sorprendido, no había sido Alexandro tan amable nunca, se le notaba que estaba feliz. Por un momento lo odió. Pues eso quería decir que con él, solo con él, no era feliz por completo. La cena fue normal, una charla tranquila, una comida deliciosa. De alguna manera, Greco estaba muy hablador, cosa sorprendente. Sin que se le preguntara nada, empezó a contar cosas de su época del ballet, sus glorias y los bellos recuerdos que le quedaron a partir de esto. Dan, o mejor, Suni, escuchaba atentamente, complacida y algo curiosa. Preguntaba cosas y el otro respondía con total tranquilidad. —¿Por qué lo dejaste tan pronto? Con 27 años aún se es muy joven para bailar. —La verdad, al inicio sí quería tener un descanso. Estudiar nuevas rutinas, mejor pensadas y más sorprendentes. Pero luego algo pasó y ya no pude volver. —¿Fue cuando te rompieron el corazón? ¿Tanto así fue, como para que lo dejaras todo? Alexandro, quien iba de n***o absoluto, pero que lucía provocadora y sensual, la miró sorprendido. Parecía que ella podía leer su mente, más de lo que quería. Solo movió su cabeza para aceptar lo que ella decía. —No quise regresar. Los escenarios y yo nos volvimos enemigos. Sin embargo, una de las prima ballerinas con las que me inicié, me contactó y me dijo que si estaba interesado en dictar algunos talleres de ballet en la Universidad. No me pareció tan malo y además, el dinero nunca está de más. Les gustó tanto mi trabajo que mis talleres se convirtieron en clases fijas y ahora siempre tengo alumnos. Me han llegado propuestas incluso de iniciar mi propia academia… pero la verdad no quiero complicarme la vida. Quiero trabajar, que me paguen y ya. —Para un hombre que siempre hizo lo que quiso, eso es bastante… pusilánime… Alexandro sintió toda la brutalidad de lo que ella le decía. Simplemente la miró algo molesto por el hecho de haber hablado sin filtro alguno y haberle soltado eso, que le caló los huesos. Pero tenía razón. Ahora su vida giraba en torno a trabajar, recibir su dinero, pagar las cuentas, y así, en un círculo infinito. —No me parece correcto que me digas eso, cuando no me conoces a profundidad —espetó Alexandro tomando algo del vino que ya estaba servido. —Pero es la verdad, ¿no? Ahora, estás buscando lo que para ti es una vida «normal», y por eso hiciste tanta claridad en tu horrible mensaje inicial en la página de citas, que parecía más el anuncio para buscar alguien de servicios del hogar, que una mujer con la cual compartir algo. Estás ahí, atrapado, solo porque crees que eso es lo correcto que debe hacerse, lo bien recibido ante los ojos de todos. Quieres simplemente una bonita foto familiar que colgar en tu chimenea, aunque todo sea una farsa. Algo por dentro de Alexandro explotó. Suni le había dicho de manera visceral lo que nunca quiso escuchar. Y todo era cierto. Él no parecía querer la compañía de una chica, porque ese fuera su deseo más profundo en la vida, sino porque era lo que no le generaría conflicto alguno. Porque con una mujer, la vida sería aceptada, la gente no lo señalaría, no tendría que esconderse en las esquinas, no tendría que soñar con la incertidumbre. Pero que quisiera eso en lo que había sido tan enfático, no era tan cierto. La vio directo al rostro y se preguntó, cómo ella podía ser tan directa y saber lo que sucedía dentro de su corazón. Por supuesto, él ignoraba que Dan estaba tras todo ese maquillaje y que era quien hablaba intentando hacer que, de alguna manera, Alexandro se diera cuenta de que buscar una chica, no era lo que realmente deseaba, para que al final lo escogiera a él y vivieran el cuento homosexual de hadas. Sin embargo, para ninguno era fácil nada. No en ese momento ni en ese lugar. Ambos tomaron el vino muy despacio. Luego ella sonrió y le pidió disculpas por hablar tan directamente. Alexandro lo tomó muy bien, y le regresó la sonrisa. Luego empezaron de nuevo las conversaciones triviales, la cotidianidad de la vida, lo aburrido de la rutina. La cena por fin terminó, y era hora de retirarse. En la calle, mientras ambos esperaban su taxi, ella lo miró con mucha seriedad mientras él solo creía que se despediría. —Será mejor que lo dejemos por un tiempo. Ahora debo concentrarme en otras cosas de mi carrera y quizás no pueda atender a citas tan seguido. ¿No te molestará, Alex? —Ay, por supuesto que no… quizás cuando tengas tiempo nos volveremos a ver —respondió con voz calmada. Ella sonrió aceptando con la cabeza, no obstante, Alexandro sabía que eso era una posible despedida. Se sintió otra vez un fracasado. Ella tomó su taxi y él decidió caminar un poco. Parecía entonces que una oportunidad de ser feliz de la manera tradicional se le escapaba de las manos. Seguramente ella vio algo de su horrible pasado reflejado en su rostro amargado y quiso alejarse. De nuevo, todo salía mal. Dan, en cambio, estaba feliz y tranquilo. Ya podría empezar a cumplir la promesa a su mejor amigo y quizás ahora que sabía que Alexandro estaba herido, podría ser el perfecto consuelo para su amado profesor de ballet. Sonrió, y así de feliz le dio las indicaciones al hombre del taxi. Qué lejos estaba Dan de creer que sería un consuelo. La fantasía suya era infinita. La noche caía fría y silenciosa en toda la ciudad. Así como en los corazones. *** Fin capítulo 11 Nota de la autora: A todos los hermosos lectores y lectoras que hoy han llegado hasta acá, gracias. Soy Sora. Esta historia apenas comienza y espero que puedan quedarse hasta el final. Cualquier cosa que deseen decirme, con gusto les atenderé en cuanto me sea posible. Sus comentarios son siempre el impulso de nosotros, los escritores. La actualización será de lunes a viernes. Gracias, de nuevo, por acompañarme, y les mando un abrazo, desde el fondo de mi corazón. Sora Fanel.
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