3.

1624 Palabras
A la mañana siguiente Gina despierta sola en la cama. Algo adolorida de las piernas por el ejercicio nocturno de ayer y cansada en general. Da una vuelta en la cama, deseando seguir durmiendo, pero ya no es posible, así que agarra su celular, todavía no queriendo salir al frío de la mañana. La puerta del baño se abre, dejándole ver a Massimo desnudo caminando con es andar confiado que le hace agua la boca. Sus ojos caen a la altura sus caderas, apreciando los músculos marcados de su abdomen y aquellos que descienden hacia su entrepierna —¿Ves algo que te guste?— dice con una ceja enarcada, gesto que ha copiado de ella. —Mh, nada muy interesante. Vuelve la mirada a su celular, pero segundos más tarde está intentando obtener un vistazo rápido de ese cuerpo escultural. Alcanza a ver algo de su trasero firme y paliducho, antes de que Massimo la increpe. —Puedo sentirte devorándome con la mirada. —No es como si pudieras hacer mucho— se pone de lado en la cama, las sabanas resbalando por sus curvas con gracia —. Asumo que tienes que salir. Massimo emite un gruñido que se ve opacado por el sonido del pantalón subiendo por sus piernas. Se gira hacia Gina, quien ha puesto toda su atención a la manera en que sube el cierre y luego pasa la correa por sus caderas, sonriendo al ver el bulto entre las piernas. —Deja de mirarme así— advierte él. —No gracias— sube los ojos hacia el rostro de Massimo por un segundo antes de bajarlo a su abdomen desnudo. La ondulación de sus músculos, sutil, pero aún así malditamente deliciosa. Las cicatrices también tienen un efecto en ella, le recuerdan lo salvaje que puede ser, esa violencia controlada que almacena en lo profundo de su ser y que últimamente ha compartido más con ella dejándola ir con él las noches que tortura. Su cuerpo arde tan solo con los recuerdos de las últimas semanas y esperando que Massimo ceda al verla desnuda, se levanta en busca de ese mañanero, pero no llega muy lejos, porque al parecer esta reunión que tiene es importante y no quiere llegar tarde. Frustrada y haciendo un puchero Gina se mete a la ducha. Se lava a consciencia, limpiando los restos de la pasión de Massimo y suya, luego se viste. Su estómago ruge con hambre, así que decide comer antes de maquillarse. Baja a la cocina en donde encuentra a Massimo calentando las tostadas, una taza humeante de cabeza a su costado izquierdo y tan solo porque le gusta molestarlo la agarra. —Mh, gracias— dice antes de beber un gran sorbo. Un poco dulce para su gusto, pero aún así delicioso. —Eso es mío— se gira hacia ella con los brazos cruzados. Lo mira a los ojos y devuelve el trago que le había dado. El ruido del café siendo escupido en la taza es obsceno y Gian quiere reír, pero se contiene porque no quiere arruinar la seriedad del momento. Extiende la mano, ofreciéndole la taza devuelta. Puede jurar que le tiembla un párpado y la vena en su frente, la misma que se le hincha cuando está enterrado en la profundidad de su cuerpo, se hincha, ahora palpitando con rabia en vez de deseo. —Eres… — cierra los ojos con fuerza y al abrirlos cualquier rastro de furia se ha desvanecido —. Quédatelo. Empuja el café en su dirección y se da vuelta para preparar uno nuevo. —Gracias, amor— le lanza un beso. Pasa por su lado para ir a sentarse a la isla de la cocina y en camino Massimo le da una nalgada que bastante fuerte. Da un brinco y suelta un chillido, anonada por el golpe. Se gira, encontrando con una sonrisa extendida en esos labios rosados y rellenos que siempre le tientan, pero en vez de darle un beso, continua caminando como si nada hubiera pasado. —Tengo una reunión ahora, pero en la tarde podré acompañarte… —No es necesario— lo interrumpe sabiendo de lo que habla. Abortara hoy. Su estómago se revuelve a la idea, pero ella se repite que es lo correcto. Pensaba hablar con Frances para que ella la acompañara, no quiere hacerlo sola pero no va a obligar a Massimo a ir cuando sabe que no está en acuerdo con su decisión. —Sí lo es, así que vas a esperar a que pueda acompañarte. —Puedo hacerlo sola— replica, incluso si una parte de ella quiere que Massimo haya. —Hablo en serio, corazón— acorta la distancia entre ellos y pone de la mano en su nuca, dándole un agarre firme —. Voy a acompañarte. Cierra los ojos, disfrutando por un segundo del peso de su mano sobre ella, de lo reconfortante que se siente y lo mucho que le gusta cuando adquiere esa actitud dominante. —Bueno. Massimo sonríe conforme con su respuesta y luego la suelta. En ese momento llega Sonia de haber ido a pasear a Pup, antes lo hacia ella, pero Massimo es un paranoico y no la deja salir más de lo necesario, ergo, la criada debe hacerse cargo de Pup ahora. —Voy a dejar a Den con Frances hoy en la tarde. Le dice a su esposo una vez que ya están sentados en la mesa desayunando. —¿Por qué no se queda con Sonia? —Porque voy a ir a ver a Fran y porque me siento más cómoda si se queda con ella. Massimo bebe de su café, dándose tiempo para pensar en una respuesta, o mejor dicho un plan que se acomode al de Gina. —Bien, pero Santino ira con ustedes. —No lo creo. —Gina, es en serio. Es peligroso que andes sola. Ella entorna los ojos. Se desconcentra al notar que Den se levanta de la alfombra donde lo dejó, una expresión concentrada, la misma que pone cada que va a explorar lados que no debe. Ugh, ese niño le va a causar un infarto antes de que le saque canas. —¿No puede ser alguien más? ¿Ace?— Massimo la mira de reojo —. Ay no me pongas esa cara, es porque Fran y él tiene algo, así no es tan incomodo. Frances y Santino no quedaron en muy buenos términos. —Ace está ocupado en la oficina. Es lo único que le responde y Gina no tiene tiene tiempo de decirle nada más, porque tal como ha predicho, Golden ha ido a donde no debería, siguiendo a Pup al balcón. Trota hacia ellos, alcanzando a su hijo antes de que ponga un pie en el balcón y sosteniéndolo de la mano se pone a su altura. —No puedes salir solo al balcón, es peligroso para ti. —Mh— se queja tirando de su brazo para intentar ir hacia donde quiere. —Si quieres salir tienes que preguntarle a mami. —Mami— lloriquea, sin dejar de tirar —fuea. Sonríe, porque a pesar de que está molesto y sigue intentando salir, ha logrado entender lo que le dijo. Repite la indicación una vez más y al final Golden le pide que salgan al balcón, a su manera por supuesto, pues sigue siendo un niño de un año que apenas puede hablar. Lo importante es que han logrado comunicarse y la llena de orgullo, por ella y por Den. Después de decir que no iba a maltratarlo como su padre a ella y que tampoco tendría la indiferencia de su madre, se esforzó por buscar un método que crianza que la complaciera, y ha sido difícil. Reconoce que no tiene la paciencia suficiente y que a veces se deja llevar por sus emociones cuando lo mejor sería que fuera capaz de mantener la calma para contener a Den, aun así ha hecho lo que puede y con mucha practica y templanza ha logrado un equilibrio que se acerca bastante a sus expectativas. Nadie le dijo que ser madre es tan complicado, que está lleno de fracasos y autocuestionamiento, peor aún: el constante miedo a que está haciendo todo mal. Nadie le dijo tampoco lo mucho que necesitaría a su pareja. Si bien podría hacer el trabajo sin él, con su apoyo todo es más ameno, casi sencillo; además Massimo le dice cuando la ha cagado y desmiente cada unas de sus creencias erróneas sobre el mal trabajo que esta haciendo como madre. Él se ha vuelto su pilar en el último tiempo, exactamente lo que necesita para no volverse loca, ese cable a tierra que evita que cometa muchas estupidez o que en busca de la adrenalina se ponga en riesgo. Curiosamente entre los dos es Massimo el que aporta la sensatez, excepto cuando se trata de Den, el hombre podría regalarle un parque de diversiones si ella no se lo prohibiera, y aunque el dinero no lo es todo, le agrada saber Max ama tanto a su hijo como para no tener límites a la hora de gastar en él, algo que también se extiende para Gina. Pero las cosas que ella más valora son esos momentos en donde manda todo a la mierda y decide quedarse a desayunar con ellos en vez de beber una taza de café a la rápida, cuando se escapa del trabajo para ir a verlos, incluso si es tan solo por una hora o las veces que se queda con ella, simplemente acariciando su cabello mientras tiene llamadas importantes. Son esos detalles lo que la hacen sentirse realmente amada y en los que piensa cuando le asalta la inseguridad.
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