4.

1318 Palabras
Tal como Massimo promete, en la tarde la acompaña a una de las clínicas de aborto. Sabiendo que el procedimiento es largo se arregla con Frances para dejar a Den con ella durante toda la tarde y aprovechando que no la ve desde el cumpleaños del niño, pasa una horas con ella, recordando que tiene un tema pendiente. —¿Qué pasa con Ace? Frances se desinfla en el sillón. —Nada. —Esa no es una reacción de “nada” para mí— la observa con atención esperando una respuesta sincera. Fran se rasca una ceja, mira al suelo, luego a Den que juega con unos bloques en la alfombra, carraspea, se arregla el pelo y recién después de eso abre la boca para darle una respuesta, pero no sale más que un balbuceo. —Ay, vamos— la codea —, ¿desde cuando estás tan nerviosa de contarme tus escapadas sexuales?— De pronto una idea cruza por su mente y sus labios forman una “o” —. ¿Te gusta de verdad? —No es eso, es tan solo que tú y Ace tienen una relación bien rara y no sé que decir. Frunce el ceño, sin saber a qué se refiera exactamente con eso. No hay nada de especial en su relación con Ace, tan solo son amigos y Gina se siente orgullosa de lograr que él hable más con ella que con el resto. —Bah, no seas ridícula y cuéntame qué hay entre ustedes— pone las manos sobre su regazo y se gira por completo hacia ella, ansiosa por escucharla. Frances hace una mueca, pero luego de arreglarse el cabello, incluso si no hay nada que modificar, le cuenta. —Tenemos un acuerdo, somos amigos con beneficios. Todo esto empezó en tu cumpleaños, había terminado las cosas con Santino y te juro que mi libido estaba por las nubes; nos emborrachamos, él me ofreció llevarme a la casa y luego yo lo invite a pasar. Enarca una ceja y sus labios se curvan en una media sonrisa. Esa es la Frances que ella conoce y no la chica con rostro de muñeca y voz suave que todos piensan que pueden manipular. —Ugh, estaba demasiado ebria— se excusa. —Yo no he dicho nada, pero me alegro por ti, apuesto a que Ace es mucho mejor que Santino. —Oh, Dios, sí— se lanza hacia ella y la toma de los hombros sacudiéndola un poco —. Mucho, mucho mejor. Gina suelta una carcajada, pero no la siente en lo profundo de su ser, y aunque está feliz por Frances, hay algo que la molesta y que no puede identificar. Relame sus labios para deshacer la mueca tensa que se quiere formar y se recuesta en el sillón, odiando por pedirle a su amiga que le cuenta más detalles. Ace, según Fran, es igual a como ella lo imagino: atento pero duro, preocupado pero al mismo tiempo brutal. Inolvidable. Bien por ellos, si no hay sentimientos de por medio y la están pasando bien no tendría porque sentirse amargada, pero no es un tema que quiera discutir con su amiga, así que se pone su mascara plantando una sonrisa contenta y asintiendo de vez en cuando, haciendo comentarios acordes a lo que Fran le cuenta. Al parecer lo han estado haciendo mucho en el último mes y Frances ha conseguido una infección urinaria, además de un susto cuando se le atraso la regla unos días, lo que da pie para que ella le cuente el motivo por que está allí. —Oh, wou, ¿por qué no dijiste nada antes? —Todavía lo estoy procesando, la verdad. La toma de la mano y se la aprieta con fuerza. —Sabes que estoy aquí para cualquier cosa, me ofrecería a acompañarte, pero entonces nadie podría quedarse con Den. El niño, escuchando su nombre gatea hasta ellas y se para con ayuda del sillón. —Mamánbmhjn— estira los brazos en su dirección. Gina lo toma de inmediato y lo sienta entre sus piernas, Den continua jugando haciendo ruidos de autos y otros sonidos indescifrables. —Tranquila, Massimo me acompañará— retoma la conversación —y sorprendentemente quiero que lo haga. —Ah, si ustedes son tan buena pareja, vez, te dije que tenías que darle una oportunidad— le da un golpe juguetón en el hombro a lo que Gina responde sacándole el dedo del medio. Quiere darle una verdadera respuesta, pero suena el timbre del departamento y segura de quien es va a abrir la puerta, sonriendo cuando se encuentra a su esposo del otro lado. Se inclina sobre él para alcanzar sus labios y le pasa los brazos por el cuello, necesitando pegar sus cuerpos después de casi un día sin verlo. Massimo por supuesto que no la defrauda, la abraza de la cintura estrechándola contra él y ladea la cabeza profundizando el beso, usando su lengua para separar los labios rellenos de ella. Gina le da acceso de inmediato, enredando sus apéndices y jugueteando con él, sus dedos tirando de los cabellos cortos al final de su cuello. Él baja una mano a su trasero, al principio como un peso para que sepa que está ahí y luego le da un apretón que la hace saltar en su lugar de la sorpresa. Gina sonríe por unos segundos y después clava los dientes en su labio inferior, el beso volviendo desordenado y más desesperado. Los dedos de él agarran un puñado de su pelo y tiran con fuerza, pero Gina no está dispuesta a separarse todavía. —¡Papi! A menos que por supuesto, Den los interrumpa. Suelta un quejido gutural y Massimo ríe entre dientes antes de darle un beso corto y arrodillarse en el suelo para recibir con los brazos abiertos a Golden, quien viene corriendo lo mejor que puede hacia él. —¿Cómo estás pequeña bestia? —Bien— le da una sonrisa amplia, la corrida precaria de dientes generando una ternura insoportable en Gina. Se mueven al interior del departamento, Massimo con su hijo en brazos y Gina a su lado con una los labios curvados en una sonrisa de felicidad plena que Frances nunca antes habías visto. Es bueno saber que su amiga ha encontrado la familia que siempre quiso y que ahora es feliz. —¿Qué tal?— Fran lo saluda con un beso en la mejilla. —Bien, ¿y tú? Un pregunta cordial más que verdadera preocupación, lo sabe porque no espera su respuesta, sino que se gira de inmediato ha Gina y dice: —Pedí una hora, deberíamos ir saliendo. Gina asiente, se despide de Golden y de su amiga, luego toma la mano de Massimo y sale del departamento. Apenas pone un pie fuera es como si una ola de ansiedad la asalta y sus dedos se tensan entre los de Max. —Todo va salir bien. —Sí sé— responde, pero eso no la ayuda ni un poco. No sabe exactamente qué es lo que pone a su corazón a latir tan rápido, ni qué hace que le suden las manos y se apegue a su esposo buscando confort, pero no tiene que pensar mucho en eso porque Massimo le pasa un brazo por la cintura y la estrecha contra su cuerpo, borrando cualquier pensamientos negativo con su esencia viril y el calor que desprende, acogiéndola en una burbuja que hace que se olvide del mundo. Lo mejor es que con Massimo no tiene que hablar ni pedirle nada, él se mantiene a su lado, consolándola y protegiéndola de cualquier sensación de pánico; con sus manos entrelazadas y el ocasional beso, a veces una en la frente y otras uno en los labios que la hacía cerrar los ojos y es perfecto para olvidarse de los problemas a su alrededor.
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