AXEL Si pudiera despertar cada mañana con una mujer hermosa en mis brazos así, la vida sería perfecta. Bueno, sería perfecta si esa mujer fuera Lilian. Su cabeza está apoyada contra mi pecho, ocultándome el rostro, pero el suave subir y bajar de su respiración contra mí me transmite una calma que no había sentido nunca. No recuerdo la última vez que me sentí tan en paz. Y lo peor es que sé que todo terminará en el momento en que abra los ojos. Así que me recreo en el instante, dibujando suaves espirales sobre su piel pálida y tersa, respirando su aroma, esa mezcla de sueño y rastros de perfume de ayer. Cuando por fin se mueve, se acurruca más en mí, me abraza con fuerza y sonríe, hasta que la niebla del sueño se disipa y se da cuenta de lo que está haciendo; entonces se aparta, dejando

