Capítulo 23: Secretos al descubierto La pequeña sala del taller estaba cargada de una tensión tan densa que parecía materializarse en el aire. Las paredes de madera crujían con el viento que golpeaba desde afuera, y cada sonido se amplificaba como un presagio. La lámpara colgada del techo oscilaba levemente, proyectando sombras inquietas sobre los rostros de quienes estaban reunidos allí. Frank se sentó en silencio, con el ceño fruncido y los puños cerrados sobre sus rodillas. Podía sentir el peso de su propia respiración, pesada, irregular. A su lado, Micaela intentaba mantener la calma, aunque sus dedos se entrelazaban nerviosamente sobre su falda, delatando el torbellino que sentía por dentro. Frente a ellos estaba Clara, con los labios apretados y los ojos firmes, aunque brillantes

