Capítulo 24: Decisiones en la tormenta La noticia se había esparcido como el fuego en el viento, sin control, sin compasión. Bastó una voz susurrando en el mercado, una mirada esquiva en la panadería, un comentario en la plaza, para que todo el pueblo empezara a murmurar. La verdad, esa que Frank y Micaela apenas habían empezado a digerir, ahora corría libre por las calles empedradas, atravesaba las paredes de las casas y se instalaba en las sobremesas familiares. El nombre de Frank se escuchaba seguido de susurros, de frases entrecortadas, de preguntas sin respuestas. Algunos lo miraban con compasión, comprendiendo el peso de haber descubierto que su propio padre estuvo involucrado en la tragedia. Otros lo miraban con recelo, como si la culpa heredada fuera un estigma imposible de borr

