Capítulo 43: Tormenta inesperada La mañana había comenzado con un silencio engañoso. El cielo estaba despejado, un azul limpio que parecía prometer tranquilidad. El aroma de las flores frescas impregnaba el aire en la florería, mientras Micaela se concentraba en un ramo de lirios blancos y rosas silvestres que un cliente había encargado para un aniversario. Cada tallo que acomodaba, cada cinta que ajustaba, la conectaba con esa calma que había aprendido a valorar después de tantas tormentas. Pero en su interior había una ligera incomodidad. Era como si el aire pesara más de lo normal, como si la brisa arrastrara un presagio. No tardó en confirmarse. El teléfono sonó con un timbre agudo que rompió la quietud del local. Micaela secó sus manos en el delantal y contestó. —¿Hola? La voz al

