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2066 Palabras
Al fin había llegado el día que tanto había esperado, el día de que su recorrido fuese por el cuerpo de batalla. Luego de ir por el campo de cultivo, el de suministros, educación, logística, área de salud y tecnología e información, solo confirmaba que su lugar estaba en el cuerpo de batalla. Aunque debía aceptar el hecho de que se vio intrigada por el departamento de educación, al que Cai ya había decidido pertenecer. El departamento de educación, según Darat entendía, era como una forma de conservar y preservar las culturas, las personas que decidían pertenecer allí debían estudiar e investigar sobre diferentes idiomas, costumbres, historia. Allí también se encontraban los músicos y artistas en general. Y le parecía y. Departamento bastante interesante, sin embargo, lo suyo estaba en la batalla. Hawa por su lado se sentía atraída por el área de tecnología e información. Pero en ese momento Darat, Hawa y Cai caminaban detrás de Jerald por el último pasillo para llegar al campo de entrenamiento. Al hacerlo, Darat sintió que su corazón latió más rápido y la emoción creció. —Es aquí, muchachos — indicó Jerald —, probablemente hoy hagan ejercicio para un año entero. —No debe gustarte entrenar — afirmó Hawa. —Él entrena diario, le gusta, solo está bromeando — corrigió Darat sin dejar de observar el campo ocupado por grupos de soldados, unos corriendo alrededor, otros entrenando frente a su líder, otros descansando. —Es exactamente así — respondió Jerald. —¿Cómo supiste eso? — quiso saber Hawa. —Es notorio que entrena — alzó los hombros como si fuese obvio y miró a Jerald —. ¿Dónde debemos comenzar? —No se nota lo ansiosa que estás por esto, Wendy — Cai colocó una mano en su hombro con un tono de sarcasmo en su voz. Darat giró su cabeza hacia él y le dio una mirada seria. —No me pongas nombres, Cai, ya te lo dije. —Wendy te luce — replicó —, además, soy Tayler. —¿No era Lee? — inquirió Hawa. —Eso fue ayer, hoy probaré con Tayler. Darat solo giró sus ojos. —Ya, chicos, vengan por aquí — Jerald los separó caminando entre ellos. Darat le siguió sin pensarlo demasiado. Caminaron un par de metros hasta llegar frente a una puerta, la cual Jerald tocó tres veces antes de escuchar la voz que le daba permiso de entrar. —Buenos días — saludó Jerald —, traigo tres nuevos vivientes para su instrucción de hoy. Darat, Hawa y Cai se adentraron en la oficina y se colocaron de pie uno al lado de otro. Allí se encontraban dos personas; un hombre de unos treinta años, alto, cabello corto rubio y piel clara; y una mujer de unos treinta años igual, con cabello n***o recogido en un moño de bailarina, de piel entre clara y oscura, no era tan alta pero tenía unas caderas anchas. El uniforme que llevaban no era el que había visto en el campo, sino que era como el de entrenamiento. La mujer se levantó del escritorio y se colocó delante de ellos, mirándolos de pie a cabeza. Darat se colocó firme y con los brazos a ambos lados de su cuerpo. —Bienvenido de nuevo, Jerald, espeor que nos hayas traído a un recluta esta vez — le respondió el hombre. —Creo que veo un potencial aquí — dijo la mujer parándose frente a Darat con expresión dura. Darat le sostuvo la mirada. —De hecho, sí — informó Jerald —, esta jovencita quería saltarse todas las demás instrucciones para venir aquí. —¿Es cierto eso, nueva viviente? — le preguntó la mujer sin dejar de verla rudamente. —Si, señora — respondió —, he vivido como espía, agente, soldado en más vidas de las que recuerdo. —¿Tu eres la que llegó despierta en la última misión, no es así? — una pequeña sonrisa se formó en sus labios — La que se comportó como si fuese una subordinada del Capitán Kang. Se sintió avergonzada en ese instante, su rostro ardía y sabía que se había puesto roja. —Si, señora. —¡Te recuerdo! ¡Es cierto! — se incluyó el rubio soltando una risa — Fue tan curioso verte comportarte así frente al capitán, aunque lo más curioso fue la forma en la que lo miraste, como si te hubieses enamorado completamente. Su corazón se aceleró como si hubiese entrado al campamento enemigo, nervios queriendo apoderarse de ella y ella luchando por mantenerse serena. —¿Te enamoraste del capitán Kang a primera vista? — preguntó Jerald también riendo — ¿Cómo va a ser, Darat? ¿Era por eso que querías venir aquí? —¡No! ¡En lo absoluto! — fue consciente del desequilibrio de su voz, pero trataba de mantener su cuerpo en control. —Está bien, muchos reclutas llegan a tener un flechazo con el capitán Kang, pero tú has sido la más rápida en tenerlo y demostrarlo, tienes récord, ni bien habías terminado de llegar — se ríe la mujer retrocediendo un par de pasos. —Nunca había visto a alguien ver al capitán de esa manera, incluso creo que él se desorientó después de eso — la señaló el hombre. —Caray, Darat — Jerald se cruzó de brazos —, no tenía idea de que eras toda una Casanova. —Eso no es cierto. —Ya, no está mal enamorarse del Capital Kang. —¿Quién se ha enamorado del Capitán Kang? La nueva voz que entró en la ecuación le proporcionó un poco de alivio. —Sargento Garren — Darat le miró como pidiéndole ayuda, esperaba que él captara el mensaje. —Pues, nos parece que esta nueva viviente y futura recluta — la señaló el hombre —, tiene un flechazo por el Capitán Kang, considerando la forma en la que lo miró cuando llegamos de la misión. —Ah, eso — el Sargento Garren caminó y se paró a un lado de Darat, colocando una mano en su hombro —, no es lo que piensan, esta chica miraba de esa forma a la mayoría de personas cuando las veía por primera vez. No sabe disimular su asombro al ver a personas diferentes. No e den muchas vueltas al asunto. —Ese es el caso — afirmó Darat. Jerald, el hombre y la mujer se miraron entre ellos de forma cómplice y luego asintieron. —Ya déjense de querer emparejar al Capitán Kang, continúen con su trabajo, tomen las medidas y peso de estos muchachos y llévenlos al campo lo más rápido posible, necesitamos terminar de seleccionar a los nuevos reclutas. —Sí, Sargento — respondió el hombre colocándose derecho, haciéndole notar a Darat que a pesar de que había confianza entre ellos, respetaban la jerarquía—. Jerald, ya puedes retirarte. —A ver, nuevos vivientes, pasen por aquí — indicó la mujer. Jerald pasó su mirada de Darat al Sargento Garren y de regreso. —Hasta luego, chicos — miró a Hawa y a Cai, luego dio unos pasos y habló en voz baja, como para que solo escuchara el sargento Garren, pero Darat también fue capaz de oírlo —. Tienes que ser un poco más discreto en cuanto a tus celos. —Yo no me puse celoso — replicó el sargento Garren. Jerald soltó una carcajada y golpeó su hombro. —Nos vemos luego, Joe — fue lo que añadió para luego salir a través d la puerta. El Sargento Garren soltó aire, negó con la cabeza y miró a Darat. —Te dije que mirar así a las personas traería confusión — quitó la mano de su hombro. —Dije que mejoraría eso y lo he ido logrando a medida que veo a más personas, me acostumbro al hecho de que veré a personas diferentes e increíbles a menudo — respondió Darat sintiéndose un poco molesta ante su tono serio—. Ellos son los que no deberían haber tomado mi primera reacción al Capitán Kang como algo importante. El Sargento Garren miró a otro lado, respiró profundo y luego regresó su mirada hacia ella, encontrando sus ojos. —La verdad es que lo fue, no miraste a nadie como lo miraste a él — respondió con tono serio —, quizás ni siquiera tú lo sepas, pero tu reacción a él fue como si hubieses encontrado algo luego de haberlo buscado demasiado. La verdad era que Darat misma no había sido consciente de eso en ningún momento, no lo había sentido de esa manera, no siquiera se había acordado de ese capitán. —No es así, Sargento Garren — replicó firme —. Quizás sea usted quien está observando cosas que no están allí. Es cierto que ni yo misma lo he notado porque no lo he visto de esa forma, además, lo menos importante aquí es como yo reaccione a las personas que me rodean. Lo que quiero es hacer lo que me hace sentir viva y eso es luchar. El Sargento Garren asintió e hizo una mueca con sus labios. —Todo esto tiene que ver con tus reacciones, sea a las circunstancias, las verdades o las personas — dijo alejándose un paso —, así que trata de no involucrarte con nadie o nada, sólo termina tu entramiento. Sin darle tiempo a preguntar nada más, el Sargento Garren salió de la oficina, dejándola confundida ante sus palabras. Darat miró hacia las otras personas en la habitación, preguntándose si habían notado todo aquello, pero todos estaban ocupados, el hombre y la mujer, de quienes aún no sabía sus nombres, estaban tomándole medidas y pesando a Hawa y a Cai. ¿Qué significaba lo que había dicho el Sargento Garren? ¿Por qué si quiera había reaccionado de esa manera a un suceso irrelevante como su reacción hacia el Capitán Kang? Ciertamente la imagen del Captan Kang resaltaba ante Darat entre las muchas personas que había visto, pero ni siquiera se había acordado de él hasta ese instante. Darat sacudió su cabeza e un intento por acomodar sus ideas. Le daba igual todas esas pequeñeces estupidas, no estaba en una secuencia romántica, ni siquiera estaba en una perspectiva, estaba en la realidad por primera vez en su vida, y todo lo que quería experimentar, era la vida misma, lo que para el,a significaba luchar. Como apoyando ese pensamiento, la mujer la miró y le llamó: —Ven, Darat, es tu turno. —Sí, señora. Ella rio. —Sube aquí a la báscula — le indicó y lo hizo —, sin duda tienes muy grabado en ti el entrenamiento militar. Darat asintió. —Es difícil dejar atrás todas las vidas que vivido, sé que no han sido verdaderamente mías, pero un pedazo de cada historia se ha quedado conmigo, y muchas de las ideas se han metido en mi mente. —Eso será de mucha ayuda aquí —respondió mientras presionaba la pantalla frente a Darat —, sin embargo, debes saber que no utilizamos un orden militar como cualquiera que hayas visto. La mujer presionó otro par de botones y finalmente tomó una tableta electrónica en sus manos. —Estás pensando cuarenta y ocho kilos, lo cual es poco para medir un metro sesenta y seis centímetros — informó tranquilamente —. Esto se debe a la forma que habían estado manipulando su desarrollo y crecimiento, no te preocupes no es nada que no pueda corregirse, pero debes poner de tu parte para mejorarlo. Si quieres ser una recluta, debes ponerte en forma, y no me refiero a nada estético, sino a una óptima condición física tal como lo necesita una luchadora. ¿Entiendes eso? —Sí, puedo hacerlo. —Muy bien — dejó a un lado la tableta y la miró directo a los ojos —. Entonces, debes concentrarte con toda tu mente en esto. Tienes que prestar atención a cada mínimo detalle para que pueda quedarse grabado en ti, cada entrenamiento, cada indicación, debes poner toda tu concentración en ello para que tu cerebro pueda ayudarte dándole las órdenes a tu cuerpo más adelante. —Estoy lista para eso — habló firme —. Sea lo que sea que cueste, llegaré a mi meta, porque más que un sueño, esta es mi realidad. 
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