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Punto de fuga: Perspectiva

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Descripción

Puedes ser lo que quieras, las veces que quieras, vivir todas las vidas que puedas anhelar y volver a empezar, sin límite alguno como la imaginación humana, sintiendo cada historia como si fuera cierta.

¿Dónde termina la realidad y empieza la ficción? No importa, no hay otra manera de seguir viviendo.

No hay a dónde ir, no puedes salir de tu habitación, no hay nada en la tierra que puedas disfrutar. No hay cielos azules, ni árboles con hojas vivas, los mares son negros, las criaturas vivientes son despiadadas y monstruosas, e incluso el aire está tan contaminado que una sola inhalación podría infectar tus pulmones colapsándolos en segundos.

La única forma en la que puedes vivir, es a través de historias que no son tu realidad, así que…

¿Tu siguiente vida debería ser esta?

[Punto de Fuga, Libro 1]

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Prólogo
Miró a su alrededor desesperada, la misma angustia que sentía dentro de ella la llevó a soltarse del agarre que la mujer de metal tenía sobre su mano, así que, sin perder más tiempo, regresó por el corto tramo que había recorrido. —¡Mamá! —gritó abriendo sus brazos —¡Mamá! Impactó con el cuerpo de su madre y se aferró con fuerza. —¡Hijita mía! —sintió sus manos acariciarle el cabello — No tengas miedo, todo va a estar bien. —No quiero irme —sollozó la adolescente —, no quiero dejarte. Su madre la alejó un poco, se inclinó para mirarle a los ojos y sonrió. —Debes vivir, hermosa. No puedes pasar tu vida como yo, en medio de toda esta incertidumbre y miseria —explicó, pero a pesar de que hablaba tranquila, las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos le producían un vacío en el pecho. —Mamá, pero yo solo quiero vivir con ustedes, es mejor verlos siempre y estar aquí, que tener esa vida y no volver a verlos nunca. —Eso es muy dulce y noble —sonrió acariciando su mejilla —, me llena el corazón de alegría, es suficiente para que yo siga viviendo, pero tú debes irte. —Pero… —No, nada de peros —tomó sus hombros con ambas manos —. Hija, a mí me ha tocado vivir de esta manera, bajo todos los peligros que esta naturaleza nos da, y mi mayor logro ha sido mantenerte viva estos trece años, pero no puedo permitir que pases tu vida aquí también. La chica sentía como si le estuviesen estrujando el corazón, así que no podía parar de llorar. Había vivido toda su vida sin despegarse demasiado tiempo de su madre y padre, y ahora debía dejarlos atrás para siempre. —Hija, escucha bien — esta vez fue su padre quien habló y colocó una mano en su cabeza —. Es la mayor felicidad para nosotros saber que vas a estar cómoda, segura y que vas a vivir y disfrutar muchísimo. Así que no puedes ser egoísta y querer quedarte por miedo a lo desconocido, nuestro anhelo es que puedas vivir las vidas que quieras, no esta condena de supervivencia, esto es lo que no es vida. Si al menos tú consigues vivir bien, habremos vivido bien todos. ¿Podrías hacer eso por nosotros? No tenía muchas palabras para decir luego de escuchar ese discurso, le partía el corazón, le dolía el pecho y su garganta ardía, pero debía hacerlo, tal como le habían dicho durante años el momento había llegado y debía ser fuerte. —¿Puedes hacerlo, florecita? —insistió su padre. Ella solo asintió. —Un abrazo grupal entonces —anunció acercándose a ellas y envolviéndolas con sus brazos. —Los voy a extrañar mucho. —Puedes hacerlo, pero no por mucho tiempo, porque debes avanzar—dijo su madre. —Te amamos, siempre recuérdalo —agregó su padre. —Me gustaría darles más tiempo, pero la transportadora no puede retrasarse —la voz proveniente de Taira, la mujer de metal, fue como un golpe de realidad. —Sí, muchas gracias — respondió su madre —. Es hora de irse. Se alejó de ellos, vio las sonrisas en sus rostros, las lágrimas en sus ojos y supo bien que era cierto, la amaban y era por eso que habían hecho todo para que ella fuese capaz de vivir. —Haré que lo valga —prometió. —Sabemos que sí, ahora ve —su padre le dio un leve empujón en el hombro. Asintió, caminó hasta Taira que le ofrecía su mano amablemente y la tomó; volteó de nuevo a sus padres, quienes se encontraban abrazados y les sonrió por última vez. —Gracias — se esforzó por decir, porque eso era lo que ellos querían y necesitaban escuchar. —Adiós, florecita —se despidió su padre. —Vamos —insistió su guía. Fue así que se dio la vuelta y esta vez caminó en la dirección debida, aunque quiso soltarse y aferrarse de nuevo a sus padres, no lo hizo, debía hacer lo que debía hacer, y eso era irse de ese lugar, que, aunque fuera el lugar en el que vivió toda su vida, no era digno ni sencillo de habitar. Pronto llegaron al camino principal y la transportadora se hizo visible. No pudo evitar sentirse embelesada por la apariencia elegante e imponente del gran círculo de metal que se encontraba frente a ella. Las luces azules que salían de este, iluminaban el terreno de una manera que nunca antes había visto. —¿Está bastante claro, no es así? — Preguntó Taira como si compartiera su admiración. —Sí. —En tu nuevo hogar, no tendrás que estar a oscuras como aquí. Eso era algo increíble y la llenaba de energía, nada más imaginar que todo fuese fácilmente visible la mayoría del tiempo, era ya algo que quería apreciar. Pero tan pronto como tuvo ese pensamiento, otro tomó lugar y no tuvo tiempo de analizarlo por completo. Taira la llevó por los metros restantes. —Sube. Colocó sus pies sobre un cuadrado de metal y Taira se colocó a su lado. —Sujétate de mí — pidió ella y eso hizo. La plataforma empezó a subir, asombrándola y asustándola al mismo tiempo, estaban levitando hacia el gran círculo. Para cuando se detuvieron, pudo notar que estaban en una capsula única. —Wow — salió de sus labios. Frente a ella, había un cristal que le permitía ver que a su alrededor había otros compartimentos en los que se encontraban más adolescentes como ella, acompañados de personas de metal como Taira. En medio de todos ellos había un círculo que podría describir mejor como un hueco porque se podía ver el terreno que estaba debajo de ellos. —Verás cosas más impresionantes — explicó Taira. —¿Es en serio? —Sí — rio —, todo te parecerá increíble, y no es para menos, a mí todavía me pasa igual. —¿Hay más personas a allí? —Las personas son impresionantes, pero no son ellas las que te van a impactar, sino la vida que escogerás y vivirás. No estaba totalmente segura de cómo tomar eso. —Ven, es momento de sentarnos. Ella hizo lo indicado, se sentó y Taira colocó un tubo curvo que pasaba de uno de sus hombros, por enfrente de su abdomen y terminaba sobre su otro hombro. —Es para tu seguridad — le informó —. Ahora, mantén la calma y disfruta el viaje, si te asustas, recuerda que estoy justo a tu lado. Asintió y continuó observando todo a su alrededor, otros chicos y chicas que había llegado a tratar estaban en otra de las capsulas, podía verlos a todos con claridad, eso le parecía increíble y al mismo tiempo la deprimía. Mientras esa nave tomaba impulso y los transportaba, veía cómo se alejaban del suelo, veía las nubes negras a través del agujero en el medio, y pensaba en lo que estaba haciendo. Estaba dejando todo lo que conocía, su mundo, imperfecto, peligroso, pero con sus padres, con todo el amor y el calor que sabía que solo ellos podían darle. Ellos no apreciarían todas esas maravillas, no serían capaces de ver con claridad como ella estaba comenzando a ver y nunca volverían a estar juntos. ¿Por qué tenía que ser de esa manera? ¿Por qué tenía que alejarse de ellos para poder vivir? ¿Por qué no podían proporcionarles a todas las personas la misma oportunidad sin importar la edad? Y más allá de eso, ¿por qué el mundo estaba tan contaminado que la única manera era vivir a través de vidas que se representarían en su mente? Sus padres le habían explicado que, llegado el momento, la Organización iría a buscarla, ellos le daban la oportunidad de tener, no solo una vida, sino todas las que quisiera, a través de Perspectivas. Una vez podría ser una joven que, por querer defender a su padre, se disfrazara de hombre y se alistara al ejército y terminara salvando a la nación. Otra vez, simplemente podría ser alguien que se enamorara de un chico millonario, cuya madre haría todo lo posible por separarlos y ellos tendrían que enfrentar todos los obstáculos para estar juntos. O quizás podría ser una cantante famosa que fuese sensación en el mundo entero. Podría vivir de esa manera, pero al final, todo estaría en su mente, cuando cada una de las historias terminase, ella se encontraría con que realmente solo ha estado acostada en una cama, sin moverse, sin salir de una habitación, viviendo por medio de historias que no eran la suya. Aunque no le gustara, ¿qué otra forma de vivir podría haber? La tierra no era un lugar apto para los humanos desde hacía siglos. Además, eso era lo que sus padres querían para ella, que viviera cómoda y segura a pesar de no estar viviendo realmente, y de estar lejos de ellos. ¿Por qué tenía que ser así? ¿De verdad no había otra manera de vivir? La nave se sacudió, haciéndola perder el hilo de sus pensamientos, removiendo hasta sus entrañas. —¿Qué está pasando? — preguntó asustada. Las luces blancas que iluminaban cada cabina se tornaron rojas, un sonido agudo y fuerte atravesaba sus oídos perturbándola. —Florecita, me temo que no seremos capaces de llegar a nuestro destino esta vez — informó Taira colocándose de pie frente a ella. La mujer de metal mantenía el equilibrio a la perfección, mientras que ella sentía como si estuviesen sacudiéndola como un juguete de bebé. —¿Qué? —Algo ha surgido, una falla mayor — respondió suavemente, como si intentara calmarla —. No podrás tener una mejor vida ahora, lo siento mucho, florecita. Su corazón latía con tanta fuerza que podía sentir los golpes en su pecho. —¿Vamos a regresar? La idea le emocionaba. —No regresaremos ni avanzaremos. Taira alzó su mano derecha, al observarla, pudo ver que todos los demás guías estaban haciendo lo mismo, parándose delante de cada chico y chica. Sintió lágrimas caer por sus mejillas, el miedo se transformó en pánico para el momento en el que la mano de Taira fue reemplazada por una delgada y puntiaguda barra de metal. —¿Qué está pasando? —Debes dejar de hacer tantas preguntas — añadió Taira —. Hasta aquí llega este viaje. Sin darle tiempo a nada más, Taira alzó su brazo y entonces lo clavó directo al corazón de la chica, que alguna vez, fue una florecita llena de vida.

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