Dedico esta vida a aquello en lo que creo.
—OG. Leghan.
1
Todos perciben lo que les rodea de acuerdo a lo que saben, conocen o creen. Cada gusto va de la mano a aquello que es familiar, pero la vida que la mayoría anhela es la que es completamente diferente a la que tiene.
Al menos eso pensaba Darat, quien amaba vivir en tramas de acción, porque así podía moverse con agilidad, sentir la adrenalina recorrer su cuerpo y tener fuerza e inteligencia superiores a las que poseía.
Se miraba al espejo detestando la sensación de debilidad, desagradada con lo frágil que era su cuerpo, no tenía ni siquiera la fuerza necesaria para levantarse de su silla de ruedas eléctrica y mantenerse en pie.
Eso le recordaba lo bueno que era estar dentro de una percepción, y lo mucho que ya quería entrar a la siguiente.
Cepilló su cabello blanco, en la realidad nunca se lo dejaban crecer más allá de los hombros, así que le encantaba poder tener diferentes estilos en las percepciones. Terminó de realizarse un moño de bailarina y sonrió al espejo.
—¿Deberíamos ser una bailarina profesional otra vez? — se preguntó a sí misma — No, no lo creo.
Lo suyo era aquello que implicara emociones muy fuertes, y aunque el ballet le había parecido algo único, definitivamente prefería ser una espía o una guerrera.
Habían pasado once años desde que estuvo en su primera Perspectiva a los trece, faltaba un año para su baja, pero no estaba deprimida al respecto, después de todo, había experimentado más del doble del tiempo de vida que había tenido.
La puerta de la habitación se abrió y entonces Hira entró con su caminar preciso y elegante.
—Buenas tardes, Darat —saludó —. ¿Cómo te sientes?
—Irremediablemente débil — se quejó alejándose del espejo.
Hira rio mientras movía la cabeza.
—Después de haber sido la portadora de un objeto celeste, que tenía una fuerza sobrehumana, es difícil que no te sientas débil.
—No te burles, fue uno de los mejores cuerpos que he tenido.
—No me burlo, sabes que te apoyo —dijo para luego agacharse frente a ella —. Ahora, mira aquí.
Era rutina que Hira le hiciera perseguir su dedo metálico con la mirada, esto servía para comprobar sus reflejos.
—Bien por aquí — afirmó enderezándose y colocándose detrás de ella —. ¿Estás lista para tu chequeo completo?
—Lista y ansiosa, ya necesito salir de aquí.
¿Salir de la realidad? ¿No se suponía que de donde se salía era de la ficción?
Sacudió su cabeza, detestaba hacerse a sí misma ese tipo de preguntas, lo cual era una razón más para ir a su siguiente Perspectiva.
—¿Viste el Catalogo ya? —preguntó Hira mientras avanzaban por los pasillos.
—Así es — aplaudió emocionada —, he visto que han agregado secuencias nuevas.
—¿Ya escogiste tu próxima vida?
—¿Te olvidas de con quien estás tratando? — llevó una mano a su pecho — Escojo la siguiente historia apenas termino una, porque si no, se me dificulta superar la anterior.
—Eres muy madura con eso siempre, Darat.
La puerta de la sala de revisión se abrió metros antes que ellas estuvieran cerca, y de la misma salió otra joven siendo conducida por su guía. La chica debía tener su misma edad, quizás estaba en su última revisión o no.
Siempre que veía a otra persona, le daba curiosidad, sin embargo, enterraba la intriga y no le daba mucha importancia pues no valía la pena preocuparse por alguien a quien no volvería a ver o a quien nunca trataría.
Nunca había tenido contacto real con otro humano.
De nuevo quiso golpearse a sí misma por esos pensamientos que no valían la pena.
La joven sonrió y asintió en su dirección, pero ella no se movió ni un poco.
—Muy bien, ahora es nuestro turno.
Hira la guio por los metros restantes y pronto entraron a la sala de revisión.
—Buenas tardes, Darat — su voz animada le daba energía.
—Buenos tardes, Heishi —respondió al doctor.
A pesar de la apariencia masculina de Heishi, ella sabía que no era diferente a Hira, es por eso que siempre se le había hecho muy fácil confiar en ellos. Después de todo, cuidarla y atenderla era la configuración para ambos.
—¿Estás ansiosa por tu siguiente perspectiva? — preguntó Heishi.
Hira la cargó en un ágil movimiento y la acostó en la camilla.
—Creo que ni siquiera debo responder eso, me conoces bien —bromeó ella.
—Sí, es cierto, ya ni siquiera debería preguntarte eso —Heishi se acercó, comenzando a colocar el lector en su cabeza.
—Exacto, así que espero que me diagnostiques bien para ir rápido hasta allí.
—Siempre lo hago —aseguró —. A ver, toca mi mano con tu pie.
Heishi había colocado su mano en lo alto encima de su pie, así que hizo el esfuerzo por levantar su pierna y llevar su pie al objetivo.
—¿Duele?
—Sí.
Se forzó a sí misma para completar la acción, y sonrió de alivio una vez que lo logró.
—Muy bien, lo lograste perfecto — animó Hira.
—Ahora el otro —pidió Heishi.
Intentó, no podía decir que no, pero el dolor en su pierna derecha era mayor.
—Lo siento, no puedo —se quejó.
—Está bien, no te preocupes —consoló él —, vamos a realizarte la prueba mental, y podrás ir a descansar, ¿te parece bien?
—No quiero descansar, quiero…
—Ir a tu nueva perspectiva, lo sé, pero tienes que tener paciencia.
Heishi se alejó de ella, Hira le siguió y pronto se quedó sola en la habitación, sabía que ellos estaban observándola desde el otro lado del espejo así que simplemente respiró profundo y cerró los ojos.
—Vamos a iniciar — escuchó la voz de Heishi —, abre los ojos y recuerda parpadear lo menos posible observando la luz azul.
Se quedó tranquila, respiró profundo, dejó salir el aire y entonces la lámpara se acercó hasta quedar gusto delante de sus ojos.
—En uno, dos, tres.
Para cuando Heishi dejó de contar, la luz azul se encendió.
No era difícil de soportar, lo complicado era mantener su mente en orden. Todas sus ideas parecían querer tomar lugar al mismo tiempo.
Se concentró tanto como pudo, alineando sus ideas, intentando que sus parpados no se cerraran.
¿La luz parpadeó o fue ella?
Respiró profundo y mantuvo sus ojos muy abiertos.
La luz parpadeó no una, ni dos, sino tres veces, lo había visto claramente a pesar de que había sido muy rápido.
¿Qué había sido eso? Eso nunca había pasado. ¿Sería un nuevo método o algo por el estilo?
Su cuerpo tembló y fue que notó que tenía frío, la temperatura había descendido de forma drástica.
Se sintió abrumada, esos pensamientos que no le gustaba tener, vinieron de golpe como una gran ola arrastrándola. No pudo contenerlos en el fondo de su mente por más tiempo.
¿Por qué nunca habían hecho algo para restaurar la vida en la tierra?
¿Por qué la única manera de vivir era por perspectivas?
¿Cómo sería experimentar todas las historias en carne propia?
¿Podría alguna vez tener contacto con algún otro ser humano?
¿Por qué no podía hablar con otras personas como lo hacía en las Percepciones?
¿Alguien más, en alguna parte, estaría teniendo los mismos pensamientos que ella? ¿Estaba bien pensar así? Claro que no lo estaba, no debería añorar algo que era imposible.
Todo quedó oscuro.
No solo se apagó la luz azul sino todo a su alrededor.
—¿Hira? —preguntó apoyándose en sus codos — ¿Heishi? ¿Están ahí?
Silencio, un silencio abrumador que jamás había experimentado.
—¿Hola? ¿Están ahí?
Su corazón latió con fuerza, no entendía nada de eso, nunca antes había ocurrido un apagón, jamás sucedían esas cosas allí.
Quiso pasarse a su silla, pero en cuanto intentó ponerse más derecha, todo se hizo más claro.
—¿Hira? ¿Heishi?
—Muy bien, Darat— Heishi entró a la habitación—, ha terminado tu prueba mental.
Heishi se posicionó a su lado, apartó la lámpara y quitó el lector de su cabeza y continuó diciendo:
—El diagnostico te será enviado en unos minutos así que ya puedes regresar y tomar tus nutrientes.
—Pero, ¿qué ha pasado?
—¿Qué ha pasado? —preguntó Hira colocándose a su lado — ¿Con qué?
—¿Cómo que con qué? — se sentía confundida — Con la luz, todo estaba oscuro.
—Lo siento, no sé de qué estás hablando —respondió Hira —. Ven, es hora de tus nutrientes.
Miró a Heishi, este ladeó la cabeza y sonrió.
—Tranquila, todo estará bien.
Sintió una punzada en el pecho, la voz de Heishi había sonado diferente, además, él nunca había hablado así, en todo caso decía que todo estaba bien, no que estaría.
—Voy a cargarte ahora — indicó Hira —, aquí vamos.
Acto seguido, con un rápido movimiento, Hira la colocó en su silla de nuevo.
Mientras Hira caminaba para posicionarse detrás de ella, Heishi no dejaba de mirarla con esa sonrisa en su rostro, no se había movido ni un centímetro y eso era extraño. Él nunca se quedaba totalmente quieto al menos que estuviese diciendo algo.
—Nos retiraremos ahora — indicó Hira.
—Adiós, Heishi —dijo Darat.
—Nos veremos pronto, no temas.
Algo extraño estaba pasando, esa no era ni la voz de Heishi, ni sus palabras. Quizás estaba sobre analizando aquello, quizás había estado en demasiadas secuencias de acción y suspenso y se había acostumbrado tanto que ahora quería verlo también en la realidad.
Hira la empujó fuera de la sala de revisión, y no despegó la vista de Heishi quien tampoco se había movido o cambiado la expresión de su rostro, solo la veía.
Algo no estaba encajando, la luz azul nunca parpadeaba, mucho menos había un apagón, además Hira y Heishi no dijeron nada acerca de un suceso tan importante como ese, y finalmente, la voz de Heishi había cambiado.
Pero más allá de eso, durante la prueba mental estudiaban qué clases de ideas estaba teniendo así que, ¿por qué sus pensamientos más reservados habían aparecido en ese momento cuando siempre había logrado mantenerlos en lo más profundo?
Ella había vivido como espía, guerrera, con poderes sobrenaturales, y una gran variedad de secuencias así que no podía evitar sentir angustia al pensar en el error cometido.
Había revelado sus más grandes dudas, y si algo había aprendido era que:
A ningún sistema le gusta ser cuestionado.