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2365 Palabras
No estaba segura de cómo sentirse al respecto. El diagnostico que se mostraba en la pantalla frente a ella la tenía confundida, en específico la parte mental, su estado físico no le preocupaba demasiado en ese momento.  Prueba Mental: Nivel de estabilidad – 100 Realidad/Perspectiva – 39/61 Control emocional – 100 Deterioro – 95 Confiabilidad: 356 Tiempo antes de la próxima percepción: 10 horas. Era lo que decía el resumen, pero ¿cómo había resultado de esa manera? Nunca había tenido un nivel de confiabilidad tan alto, incluso cuando nunca había mostrado sus dudas, apenas alcanzaba los doscientos noventa y ocho. Su nivel de realidad respecto a la perspectiva, no se sentía de esa manera, no era como si estuviese confundiendo su realidad con otra perspectiva, nunca lo había hecho, siempre había estado consciente de la diferencia entre ambas y ese día no era la excepción, estaba absolutamente segura de lo que estaba en su mente y de lo que no. ¿Cierto? Así que, como habían determinado que estaba prácticamente confundiendo ese lugar con cualquiera en el que hubiese estado, no tenía sentido alguno. Y más allá de eso, indicaban que su deterioro iba a solo cinco puntos de volverse absoluto que, al compararlo con el anterior, la diferencia era de cuarenta y tres puntos. ¿Había sido tan fuerte su última perspectiva? —Muy bien, Darat — Aplaudió Hira —, podrás entrar mañana a primera hora, debes estar muy contenta. —Sí — susurró sin despegar la mirada de la pantalla —, nunca había sido algo así. —Bueno, supongo que es tu día. Hira apartó la pantalla, Darat tuvo que respirar profundo para poder sonreír tranquilamente. Quizás sí estaba confundiendo la realidad con la ficción, quizás lo del apagón había estado en su mente, quizás solo le estaba dando demasiadas vueltas al por qué de sus resultados cuando siempre los había aceptado como fuesen. Quizás había malentendido todos esos años cuál era la función de la prueba mental y no había nada de malo con mostrar sus dudas… no, sabía que no era así, claro que era malo. Ella debía dejar de hacer preguntas. —Debido a que entrarás a tu perspectiva en pocas horas, voy a darte un sedante, ya terminaste tus nutrientes — indicó Hira moviendo sus manos mientras tomaba uno y otro instrumento. —Sería perfecto. Miró hacia el techo, ese techo blanco sin arte, pero elegante y sofisticado como todo a su alrededor. Cerró los ojos para el momento en el que sintió la aguja atravesar la piel de su brazo, dejó salir aire e intentó relajar su cuerpo. —Me retiro, Darat. —Bien. Escuchó cómo Hira se levantaba de su asiento y se retiraba, intentaba tomar cada mínimo sonido como un método de relajación, sin embargo, no escuchar la puerta abrirse y cerrarse la extrañó. —¿Hira? — preguntó al verla parada al lado de la puerta observándola. —Nos veremos pronto, no temas. Su pecho se comprimió, un escalofrío le recorrió desde la nuca, la voz de Hira había cambiado y sus palabras… ¿no eran las mismas que le había dicho Heishi? No pudo preguntarle al respecto o incluso verla irse, porque el sedante hizo efecto. . Nos veremos pronto, no temas. Abrió los ojos de inmediato. Su respiración estaba agitada, sentía su cuerpo temblar porque cada parte de ella sabía que algo no estaba yendo como siempre lo había hecho, algo estaba fuera de lugar, pero a diferencia de las vidas que había tenido, no era capaz de analizar heroicamente de qué se trataba. Se sentó sin esfuerzo alguno, no le dolió en lo más mínimo. —¿Qué? Miró sus brazos, no había nada diferente, miró sus piernas, no estaban diferentes al día anterior, pero se sentía… fuerte. Seguía en su habitación, no había entrado a la perspectiva, estaba en la realidad. Levantó su pierna derecha y luego la izquierda, no dolía. Rio sin poder evitarlo y cubrió su boca con las manos, estaba sorprendida, hacía muchos años que no era capaz de hacer aquello. Sin perder tiempo, se dirigió al borde de la cama y colocó sus pies en el suelo. —No puede ser… Se colocó de pie. —¡Estoy parada! Intentó caminar, pero pronto tambaleó y cayó sintiendo el golpe en sus piernas. —Increíble. Estaba tan contenta que las lágrimas corrieron. No era lo mismo verse a sí misma correr, patear, nadar y hacer miles de maniobras, que ser capaz de estar de pie en carne propia. Se levantó de nuevo, no caminaba desde su segunda perspectiva así que no era sencillo encontrar equilibrio. Pero cuando intentó hacerlo, volvió a sentir la debilidad apoderarse de ella. —No… vamos. Insistió, pero la fuerza se había ido, como una ilusión. Se arrastró hasta su silla y se recostó en ella, presionó el botón adecuado y esta hizo el trabajo para llevarla hasta arriba. Se quedó estática entonces, tan solo pensando en lo que había sucedido. —Increíble — sonrió. Estaba tan feliz, había sentido la vitalidad correr por sus venas. ¿Era así como se sentía? ¿Pero qué había pasado? ¿cómo había pasado? ¿cómo había sido posible? ¿no se suponía que su deterioro estaba a solo cinco puntos de volverse absoluto? ¿cómo había logrado sentirse tan fuerte y colocarse de pie entonces? Aunque la verdad era que en ese instante se sentía tan feliz que no le interesaban las respuestas, solo quería que se repitiera, quería sentirse fuerte otra vez. Daría lo que fuese por volver a hacerlo… era por eso que necesitaba entrar a la perspectiva. La puerta se abrió, Hira apareció. —Te despertaste antes — sonrió acercándose a ella —. Buenos días, Darat. —Estoy entusiasmada. —Ya puedo verlo. Hira entró con el uniforme de Darat en sus manos, caminó hasta ella, lo colocó en la cama y la miró. —¿Lloraste, Darat? ¿Sucede algo? —No pasa nada — respondió de inmediato secando sus lágrimas —, solo me caí intentando pasar a la silla porque… todavía estaba dormida. —¿Fue así? Interesante, debes tener más cuidado. Hira presionó el botón adecuado en el control de la silla, esta extendió un cinturón por debajo de sus costillas y la ayudó a colocarse de pie como si fuese una persona sujetándola. Su guía tomó la ropa y la asistió. El conjunto consistía en una camisa gris claro con un cierre resaltante en forma de S, que iba desde el hombro izquierdo hasta el borde derecho. Y un pantalón suelto del mismo color con líneas a los costados. Era realmente cómodo. —Listo — indicó Hira —, te arreglaré el peinado. El cuerpo de Darat regresó a su posición inicial sentada, Hira la condujo hasta detenerse frente al espejo y con su mano izquierda convertida en un cepillo, peinó ágilmente su cabello en un moño de bailarina. —Ya tu próxima vida está lista. Se miró al espejo, tan débil, teniendo que ser asistida para ser capaz de realizar tareas sencillas. —Estoy ansiosa. No mentía, quería dejar de estar consciente de la realidad, necesitaba dejar sus pensamientos de lado, junto a todos los pequeños hechos extraños del día anterior, porque al final eran solo eso, pequeños hechos. —Vamos, Darat, ya estás lista. Así, Hira la llevó fuera de la habitación y la condujo por el pasillo contrario al que había tomado el día anterior. Todo estaba exactamente igual que siempre y eso era un alivio. Llegaron al ascensor, entraron, las puertas se cerraron y comenzaron a descender. Debido a las condiciones del planeta, el aire, el clima, los animales y demás, no podían construir edificios como antes, la mejor solución que encontraron fue refugiarse bajo tierra, era lo más seguro. Sabía que la tierra había colapsado cientos de años atrás, los gobiernos que quedaron en pie se unieron y trabajaron para mantener a la humanidad existiendo. Tomaron a los sobrevivientes y los mantuvieron en naves espaciales que orbitaron por poco más de tres siglos alrededor de la tierra. Cierto personal de relevancia incluso había vivido en marte y en la luna, y según sabía, aún había personas allí. La tierra fue un caos por mucho tiempo, así que luego de esperar que todo lo que fuese a suceder tuviera lugar, iniciaron las construcciones seguras que existen. En medio de tantos sucesos, muchas personas comenzaron a deprimirse y enfermarse, así que, para darles una nueva esperanza, crearon las perspectivas. En ellas, podrían experimentar la vida como la habían conocido o como se supone que debería vivirse. Sin embargo, debido a que todavía había muchos problemas que solucionar en la tierra, los seres humanos vivirían las vidas que quisieran, desde los trece años hasta los veinticinco, cuando serían colocados en su última perspectiva para no volver a salir. Algunas mujeres, luego de ser estudiadas hasta los veintitrés años, eran seleccionadas para que, luego de su penúltima perspectiva, continuaran con la preservación de la humanidad teniendo un hijo. Entre ellas se encontraba Darat, y se sentía honrada de poder contribuir a la causa mayor. Cuando le enseñaron la historia, Darat se encontró enojada con sus antepasados al pensar que el daño que habían ocasionado en el planeta había sido tan grande que, aún más de un milenio después del colapso, no podían vivir como fue diseñado. Pero al pasar de los años, fue dándole más vueltas al asunto, y comenzaron a haber cosas que no entendía, como: si habían logrado regresar a la tierra de forma segura en unos siglos, gracias a su tecnología, ¿cómo era que, en esos trescientos años siguientes, no habían conseguido restaurar la línea de vida? Esa y otras dudas volvían a rondarle en la cabeza, y no las toleraba, no le gustaba a dónde la dirigían sus pensamientos porque no había nada que ella pudiese hacer. —Bienvenida, Darat. Heike sonrió ampliamente apareciendo frente a ella. Se dio cuenta allí que habían llegado al destino. —Siempre es una alegría verte, Heike — respondió inclinando su cabeza un poco. —Lo sé, soy quien les ayuda a ir a dónde quieren estar — abrió los brazos complacido —. ¿Estás lista, Darat? —Desde antes de llegar. —Vamos entonces. Heike caminó a su lado mientras era llevada por Hira. La escena siempre la llenaba de esperanza: Capsulas bien distribuidas en las que otras personas se encontraban viviendo. Nunca había conseguido ver a esas personas despiertas, pero nada más pensar que no era la única humana en ese lugar le era suficiente. Se detuvieron frente a su capsula, la cual le transmitía una sensación de alivio que no podía describir, quizás debido a que era el medio que la conducía a experimentar cosas asombrosas. —Hira, procede — ordenó Heike. Esta la cargó y la colocó en la capsula, inmediatamente, el cinturón le proporcionó estabilidad ya que esta poseía una inclinación de cuarenta y cinco grados. —¿Estás cómoda? — preguntó Hira. —Sí. —Confirmaré tu secuencia — anunció Heike presionando el monitor a su lado —. Seleccionaste la secuencia A guion ere dos veintidós. ¿Es así? —Sí. Iría de nuevo a una aventura llena de acción, porque no podía evitarlo, le encantaba. —Confirmado — escuchó el bip que le llenaba de energía —. Ahora, te colocaré los sensores. —Está bien. Sintió los aros sensoriales rodear sus muñecas y tobillos, luego, Heike colocó los sensores respectivos en su cien. —Listo, procederé a colocar la inyección — indicó Heike mostrando la aguja en su mano. Darat solo asintió. Detestaba esa inyección, era colocada justo en la parte superior de su cabeza y resultaba muy incómodo. Cerró los ojos y la aguja atravesó su cabeza, no pudo evitar temblar por ello. —Muy bien, ya casi estamos allí. Cerraré la capsula y liberaré el gas. —Sí — esta vez fue un susurro. Ya sentía cómo estaba debilitándose, perdiendo control total de sus brazos, piernas y cuerpo en general. Notó el cambio en el ambiente, ya la capsula había sido cerrada, el olor del gas inundaba sus fosas nasales. Pronto volvería a estar fuerte y a tener control de su cuerpo, volvería a sentir emociones a través de una nueva historia y podría vivir como si su cuerpo no se encontrara reposando en una habitación. Un fuerte sonido la hizo abrir los ojos de inmediato. Frente a ella, unos metros más allá, una gran cantidad de polvo se extendía y no podía ver con claridad. Pronto distinguió a Hira, cambiando sus manos por dos grandes barras de metal puntiagudas, al igual que Heike. Pero entonces, alguien apareció detrás de ella. —¡Hira! Su cuerpo explotó en pedazos que volaron en diferentes direcciones, le habían disparado con un arma que no había visto antes. Visualizó figuras negras caminando en diferentes direcciones, cuando vio unas pasar por su lado entendió que se trataba de personas que avanzaban como un ejército organizado, aunque no eran tantos así. Su corazón latía con tanta fuerza que estaba segura que la adrenalina, miedo y angustia que sentía la mantenían despierta. Fue entonces que el gas se detuvo y la capsula se abrió al mismo tiempo. Tosió un par de veces. ¿Qué estaba sucediendo? Estaba mareada, sus oídos pitaban. Su visión se enfocó, fue el primer sentido en volver. Justo al lado de ella, estaba una de esas personas vestidas de n***o, tenía una capucha negra en su cabeza y una tela del mismo color cubría la mitad de su rostro, por lo que lo único visible fueron sus ojos... ¿azules? Este la miró, y se acercó solo un poco a ella. Su cuerpo quería salir corriendo, un escalofrío le recorrió la espalda, y una extraña sensación se posicionó en su pecho, se esforzó por entender qué estaba percibiendo y cuando lo hizo, no supo si era correcto: Todo se había descontrolado. Y lo confirmó para el momento en el que la persona le habló con voz masculina diciendo: —No temas, ya nos estamos viendo. 
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