Estaba paralizada mirando a quien estaba frente a ella sin conseguir una respuesta coherente a lo que estaba sucediendo.
—¡Procedan con la desconexión de los esenciales! — anunció él mientras manipulaba el monitor junto a ella.
—¿Esenciales? — susurró, no había recobrado sus sentidos del todo.
—Sí, son aquellos que aún pueden ser rescatados.
—No entiendo, ¿qué…?
Él se acercó de nuevo hacia ella y quitó los sensores de su sien.
—Te lo explicaremos luego —indicó mientras también quitaba los demás sensores —. Ahora solo confía en nosotros.
¿Por qué confiaría en ellos?
Él la ayudó a salir de la capsula y la colocó en la silla de ruedas automática. Allí tuvo una vista completa de la escena.
Más allá de la puerta, se escuchaban explosiones y disparos, a su alrededor, otras personas eran colocadas en sillas de ruedas a su lado, la mayoría estaba inconsciente, puesto que después de desconectar a alguien de su perspectiva, esta debía despertarse por su cuenta cuando estuviera lista.
Él giró su silla haciéndola quedar de frente a una pared, donde pudo ver que era atravesada por una máquina que no reconocía.
—¿Listos para extracción? — preguntó el hombre detrás de ella.
—Listos— respondieron al unísono tantas voces que le produjeron una sensación… motivadora.
Estaban muy bien organizados, parecían un equipo entrenado por muchos años, pero no tenía idea de que era posible que, en algún lugar, las personas vivieran siendo tan capaces de moverse así, creía que los humanos en general eran demasiado débiles.
Se habían colocado estratégicamente unos al lado de otros, preparados para ponerse en movimiento.
—Ejecutando fase de extracción en tres, dos —contó el hombre—… uno.
Y entonces visualizó cómo se pusieron en movimiento, empujaban las sillas llevando a las personas, conduciéndolas a un costado de la gran máquina.
Entendió entonces que debía tratarse de una nave de transporte.
Escuchaba disparos y explosiones y estaba demasiado mareada para poner resistencia, sin embargo, una parte de ella sabía que no debía hacerlo, que debía confiar en esas personas. ¿Por qué estaba siendo de esa manera?
—Ahora nosotros.
El movimiento acelerado le nubló la vista, los efectos de la inyección no iban a pasar inmediatamente, y no era como si alguna vez hubiese experimentado algo como aquello, pero analizaba que esa debía ser la causa de su aturdimiento.
Pronto se encontró en el interior de la nave, era la única, de los que estaban en sillas que estaba consciente.
—Debes quedarte aquí y esperar — le indicó al pararse delante de ella.
—No entiendo…
—Pronto lo harás.
Él dueño de los ojos, definitivamente azules, se alejó de ella deteniéndose en la puerta y observando en diferentes direcciones.
—Reporte de la situación — ordenó.
Sin duda era el líder.
—Todos los esenciales han abordado — explicó una mujer colocándose frente a él —, no hay perdidas.
—Pertenecientes a equipo de respaldo, prepárense para apoyo — continuó el Líder.
Varios se movilizaron al frente de ella, portaban armas en sus manos y sin duda eran profesionales. Ya no era capaz de ver al líder, este estaba junto a la puerta y la formación le quitaba visibilidad, pero escuchó cuando dijo:
—No quiero bajas, recuerden traer a todos de regreso, ¿entendido?
—Sí, señor —respondieron al unísono.
—Equipo asegurador de esenciales, procedan en cuanto salgamos.
—Sí, señor — el sonido de sus voces parecía remover sus entrañas.
—Equipo de respaldo, avanzamos, ¡ya!
Y de esa forma, salieron a paso firme.
Miró a su alrededor, la nave era grande, le recordaba al interior de un avión militar, a fin de cuentas, más de una vez había vivido como soldado.
Pudo ver a los intrusos restantes avanzar hacia los que estaban en sillas, estaban asegurándolas al suelo.
Se sentía un poco más despierta, pero la confusión se mantenía.
—¿Estás bien? — la voz era de una mujer, no pudo ver más que sus ojos verdes a causa de lo que sin duda era parte del uniforme.
—No lo sé.
Nunca había visto unos ojos verdes, ni azules, incluso en sus perspectivas, según sabía todos tenían los ojos del mismo color índigo que ella.
La observó agacharse y pasar una correa por debajo del reposa manos, luego por encima de sus piernas y debajo del siguiente reposa manos.
—No estábamos seguros de que extraeríamos a alguien consciente, pero no descartamos la idea —explicó al mismo tiempo que seguía asegurando su silla —, así que, no puedo explicarte mucho justo ahora, pero lo que debes saber es que venimos a acabar con todas sus creencias, a liberarlos de esa vida controlada a la que les han condenado.
No podía creer que fuese posible, su mente procesó la información más rápido de lo que imaginó.
—¿Hay otra forma de vivir?
La mujer se colocó de pie.
—No es la primera vez que piensas en esa pregunta, y es por eso que estás aquí —colocó una mano en su hombro —, sé que una parte de ti todavía confía en el sistema, así que intenta mantener tu mente abierta y por ahora, solo sé fuerte.
Ella se alejó, y se colocó a un lado dejándola abrumada.
¿Era posible que todas sus ideas fuesen correctas? ¿Qué todas aquellas dudas que sintió en varias oportunidades, fuesen respondidas con respuestas que anhelaba?
No pudo pensar demasiado en ello porque empezaron a abordar de forma sincronizada aquellos intrusos.
Su corazón estaba acelerado pues, a ella siempre le había gustado todo lo relacionado, y ahora estaba viendo a soldados, guerreros, espías, agentes o sea lo que fuesen, en la realidad.
Estaba intrigada y fascinada al mismo tiempo. Algo impresionante al fin le estaba sucediendo en su realidad.
Unos entraron, se sentaron en sus asientos correspondientes y comenzaron a abrochar sus cinturones casi de inmediato, mientras que otros entraron apoyándose de sus compañeros.
Sintió como un golpe en la boca del estómago, al ver a dos encapuchados cargando a un herido y sentándolo. Al mismo tiempo, uno más ayudaba a otro que cojeaba y detrás de ellos aparecía otro sosteniendo su brazo.
Pero el que peor se veía era sin duda uno al que tres cargaban y acostaban en el suelo cerca de una de las paredes para luego quitar la capucha de su cabeza, haciéndole ver que tenía una herida allí de la que no paraba de emanar sangre.
— Aseguren a todos y tomen posiciones — ordenó un hombre que acababa de entrar, era bastante alto y esbelto, su voz era segura y más fuerte que la del Líder —. Cierren compuertas.
—Cerrando compuertas — le siguió el Líder, tomando una tableta que le entregaba otro de los intrusos.
—¡Prepárense para retirada! — exigió el que había hablado primero mientras se acercaba al que estaba en el suelo — Ustedes dos, tomen asiento, tú sostente de ese cinturón y párate firme, le serás soporte a su cuerpo, yo haré presión en la herida.
Le vio tomar una gasa que le ofrecieron en ese momento. Según comprendió en ese instante, quien ella llamaba Líder no era el líder de toda la misión y ese otro hombre parecía ser algo como un Capitán. Lo vio pasar uno de sus brazos por el cinturón y entonces dijo:
—¡Retirada, ya!
Fue entonces que literalmente, todo se estremeció.
Ella sabía que estaban en un lugar subterráneo, así que aquello era un transporte que nunca antes había conocido, una máquina excavadora. Sin duda estaban subiendo porque era evidente en la inclinación que habían tomado. Entendía la táctica que había usado el capitán para ayudar al herido.
Todo se quedó en silencio varios minutos, nadie se movía ni hablaba.
La inclinación se perdió, tembló fuerte removiendo sus entrañas y continuaron avanzando en línea recta.
Las personas que parecían estar encargadas de los heridos se soltaron de sus cinturones y procedieron a atenderlos. El Capitán se soltó también y pasó a sujetar la gasa con ambas manos.
—Revisa su pulso — indicó a otro.
No conocía una misión importante que no resultase con bajas.
—Estamos fuera del radar, señor — indicó el Líder —Permiso para detonar.
—Permiso concedido —respondió el Capitán.
—La explosión ocurrirá en cinco —contó el líder—, cuatro, tres, dos, uno.
Y se escuchó.
Su corazón saltó golpeando su pecho con fuerza y nublando sus pensamientos un instante.
—Misión cumplida —indicó el Líder—, la última base del sector, ha sido destruida.
Vio a varios suspirar, a otros ponerse las manos en la cabeza, otros en el pecho, estaban aliviados… y ella confundida.
Observó al Líder, este poseía una tableta en las manos y la miraba.
Miró en otra dirección y notó la preocupación en el aire, seguramente por los que habían resultado lastimados.
—Danos un poco de luz —ordenó el Capitán.
—Sí, señor.
Escuchó el sonido como de una puerta abriéndose, vio que todos veían hacia arriba así que los imitó. Distinguió entonces que el techo comenzó a abrirse.
¿Por qué iban a hacer eso? ¿No estaba todo contaminado?
Entendió que se trataba de una ventana porque no sintió corriente de aire, pero una luz fuerte le cegó haciéndole cubrirse los ojos con las manos.
Sus ojos se acostumbraron y entonces pudo ver algo que jamás había visto, ni pensó ver, algo que no podía ser real porque se suponía que no existía:
Un cielo azul con nubes blancas.