No paraba de caminar de un lado al otro en el pasillo, sentía el pánico queriendo apoderarse de ella y no lo dejaría. No podía dejarse entrar en pánico porque el Sargento Garren iba a estar bien.
Se le había ordenado a los combatientes y reclutas que se quedaran fuera del área del hospital donde estaban tratando al Sargento Garren, el Capitán Kang y los demás combatientes, debido a que todos querían saber del estado de ellos, después de todo, eran los líderes.
No obstante, no podían alarmar a los ciudadanos diciéndoles que el Capitán Kang estaba en estado crítico. Así que el Director Sarabi, junto a los demás líderes, reunieron a todos los combatientes que formaron parte de la operación, en la zona inhabitada.
Debían esperar allí hasta que el Director Sarabi terminara su discurso informando la situación y se les permitiera salir, manteniendo confidencialidad de los hechos. Pero Xian no podía mantenerse tranquila, no podía relajarse.
Miró su brazo y su manos, estaban manchados de sangre, sangre del Capitán Kang. Su herida había sido escandalosa, seguramente había sido profunda, ¿o solo era la sangre lo que era escandaloso?
Temía por la vida del Sargento Garren.
—Combatientes — llamó la líder Alice entrando a la sala —, han hecho un gran trabajo, les felicito por su desempeño de hoy — su voz hacía eco sonando con más fuerza, aunque de por sí, el volumen de su voz era alto —. Respecto al estado de salud de los combatientes, se ha colocado una lista en la entrada al hospital para los que están en estado crítico y los que están estables. Les pido, por favor, mantener la compostura, no se desesperen por verlos de inmediato puesto que el cuerpo médico hace su trabajo. Son profesionales. ¿Han entendido?
—Sí, señora — respondieron al unísono.
—Respecto al Capitán Kang y el Sargento Garren — prosiguió —. El Sargento Garren ha sufrido una contusión en la cabeza, pero ya nos han informado que no se trata de algo grave, está estable, con varios cortes y moretones, pero esta a salvo.
Xian suspiró aliviada y colocó una mano en su pecho, eso le tranquilizaba más de lo que quería aceptar.
—El capitán Kang por su parte, perdió mucha sangre en el camino, al parecer la garra de un animal salvaje, probablemente un lobo, cortó su espalda, pese a necesitar puntos para cerrar la herida, la profundidad no le costó la vida o algún órgano importante. No obstante, estará fuera de combate por un par de meses.
Sintió una presión en el pecho, una angustia punzante, el Capitán Kang debía estar sintiendo mucho dolor. No solo por la herida en sí, sino porque él no era una persona que pudiera estar quieta, lo suyo era el entrenamiento constante y la planificación de estrategias.
—Con esta información, creo que pueden estar más tranquilos e ir a sus dormitorios, recuerden que todo lo que han visto en confidencial, son profesionales, ¿entendido?
—Sí, señora.
—Pueden retirarse.
—Restauración — respondieron haciendo el gesto correspondiente con sus brazos y manos.
Luego de allí, salieron de la zona inhabilitada.
Xian intentó mantener la compostura, mostrarse tranquila, pero no podía dejar de pensar en el Sargento Garren. Sabía que le habían dicho que no debían precipitarse por ver a los combatientes, pero era inevitable. Si el Sargento Garren estaba despierto, quería estar allí para brindarle aliento como él había hecho con ella.
Sabía que él había experimentado lesiones más graves que esa a lo largo de sus años de combatiente, sin embargo, el presente era lo que importaba. Y ella quería tranquilizarse viéndolo personalmente.
Caminó a través del campo de entrenamiento, lavó la sangre que manchaba su piel en el baño, luego se movilizó a través de los pasillos, y finalmente se encontró con el departamento de logística.
Se impresionó de lo rápido que había llegado a moverse.
Era bastante tarde en la noche, pero considerando los eventos del día, el departamento de logística estaría trabajando a tope como lo había hecho el cuerpo de batalla.
No recordaba a la perfección el lugar debido a que no lo había visitado desde la instrucción, sin embargo, luego de un par de mal vueltas y finalmente preguntarle a una guía, encontró la oficina de Jerald.
—Adelante — respondió este desde dentro.
Xian abrió la puerta y lo vio sentado detrás de su escritorio.
—Hola.
—¡Xian! — se colocó de pie de inmediato — He escuchado todo, ¿cómo estás?
—Estoy bien, estoy bien — repitió intentando convencerse a sí misma.
—Estás preocupada — señaló Jerald.
—Sí.
—Por Joe.
—Sí.
—Y estás aquí para que interceda por ti ante Lysa para que te deje verlo.
—¿Sería demasiado pedir?
Jerald miró hacia el techo y suspiró.
—Lo que me toca por ser tu guía — se quejó y luego volvió a mirarla —. No me sorprende, en cuanto escuché el anuncio y que el Sargento Garren resultó herido, pensé en ti.
—¿Eso es un sí?
—¿Te parece un no? — le sonrío amablemente — Vamos, sé que tú y Joe son muy cercanos. Sin embargo, debes saber que él ha pasado por cosas peores, estará bien.
—Aún así no dejo de preocuparme.
—Ya, lo imagino — se dirigió a un armario junto a la puerta —, primero colócate esto, no podrás entrar allí con uniforme de combatiente.
Le entregó un uniforme gris como el que él estaba usando, le quedaría grande pero eso no era extraño allí.
—Gracias — respondió.
—No tardes demasiado — indicó y salió de la oficina dejándola sola.
Sin perder tiempo, Xian cambió su ropa, lo único que la delataba eran sus botas negras, no obstante, como el pantalón le quedaba largo, lo dobló solo lo suficiente para no arrastrarlo pero que cubriera las botas. Metió su uniforme n***o, por el cual tendría que regresar al salir del hospital, en el armario y finalmente salió.
—Eso fue veloz.
—Es un don.
—O desesperación — la miró sorprendido —. Como sea, vamos.
Caminó detrás de Jerald a través de los largos pasillos. Podía decir que de allí al hospital les tomaba diez minutos enteros. Considerando el tiempo que había estado retenida en la zona inhabitada, luego lo que le había tomado cruzar desde el campo de entrenamiento hasta el departamento de logística, habían pasado unas seis horas desde que el equipo había llegado.
—Mantén un perfil bajo — indicó Jerald —, iremos a la oficina de Lysa, si no está allí, espera dentro hasta que la localice y le pregunte por la habitación de Joe, ¿entendido?
—Sí, señor.
—No tienes que responder así.
—La costumbre, lo siento.
En cuanto el hospital se hizo visible, el corazón de Xian latió más rápido, pero aliviado.
Habían varios combatientes a las puertas del mismo viendo la lista, por lo que aprovechó la altura de Jerald para esconderse detrás de él y no ser vista mientras avanzaban por la entrada a las oficinas.
Se movilizaron por el pasillo hasta que dieron con la puerta de la doctora Lysa, Jerald tocó un par de veceshasta que se escuchó un:
—Pase.
Jerald abrió la puerta y ambos entraron rápidamente.
—¿Qué?¿qué? — preguntó y luego enfocó su mirada en ellos — ¿Qué hacen aquí? Bueno, ¿tu qué haces aquí, Xian? Los combatientes no tienen permitida la entrada.
—Ella no es una combatiente — señaló Jerald —, es una guía que viene a verificar el estado de un subordinado.
La doctora Lysa miró a Xian de pies a cabeza y se golpeó la frente.
—No pueden hacerme esto — se quejó —, quieres ver precisamente a uno de los más prohibidos en ser visitados, ¿No es así?
—Será rápido, lo prometo — insistió suplicante —. Por favor, no puedo estar tranquila si al menos no le animo como él me ha animado a mi.
La doctora Lysa pasó su mirada entre ella y Jerald, luego colocó las manos a ambos lados de su cadera y suspiró.
—¡Ah, no puede ser! — se quejó y los miró — Si los descubren no va a ser mi responsabilidad, y a ti — señaló a Xian —, podrían ponerte una penitencia o incluso dejarte fuera del cuerpo de batalla por desobediencia.
—Ya tengo una penitencia — respondió Xian —, pero no van a descubrirme, será rápido, lo prometo.
—Ya tienes... ya tienes... no puede ser — hizo ademán con sus manos de querer golpearla, luego respiró profundo —. Muy bien, a ver, esto es lo que haremos — se dirigió a su armario —, colócate esta bata, caminarás varios metros detrás de mí mientras te guío, entrarás por solo dos minutos, y saldrás por tu propia cuenta, regresando por el mismo camino sin ser vista.
—Entendido — respondió terminando de colocarse la bata.
—Eres la mejor — le abrazó Jerald.
—Lo sé, pero suéltame — le empujó.
—Gracias por esto, Doctora Lysa.
—No agradezcas, si te atrapan, me vas a culpar, si sales libre, agradece. Solo vamos.
La doctora Lysa salió de la habitación.
—Sé cautelosa — pidió Jerald.
—Estoy bien entrenada — se defendió Xian y también salió de la oficina.
Varios metros más adelante, visualizó a la doctora Lysa y la siguió.
Sentía los nervios apoderarse de su cuerpo, se sentía en una misión secreta, casi con la misma preocupación que cuando estaba esperando en la entrada oculta que ellos llegasen.
Delante de ella, vio que la doctora Lysa se detuvo y la miró.
Hizo un gesto con su cabeza, señalando hacia la derecha, Xian miró en la dirección y divisó dos puertas. Al lado de cada una se leía: Sargento Joseph Garren y Capitán Kang Dong Hyun.
Le sonrió a la doctora Lysa y asintió con la cabeza. Sin perder tiempo, Xian se dirigió a la puerta, la abrió y entró a la habitación, rescostandose de la puerta al cerrar y controlar su respiración.
No tenía mucho tiempo, pero no era como si necesitara demasiado, solo quería acercarse, decirle que él podía con eso y que todo estaría bien. El Sargento Garren merecía eso.
Caminó hacia la cama y se detuvo al lado.
—Capitán Kang — dijo sorprendida al observarle.
Había entrado a la habitación del Capitán Kang. ¿Cómo había sido tan torpe? Sin embargo, no estaba mal tampoco, estaba preocupada por él también.
Él estaba inconsciente, sus ojos estaban cerrados y le parecía curiosa la curva que generaba la forma de sus ojos.
—Usted puede hacerlo — indicó suavemente —, quizás duele, pero puede superarlo.
Le observó unos segundos más, y así de rápido, como su visita, salió de la habitación.
Miró a su alrededor, el pasillo estaba vacío así que inmediatamente abrió la otra puerta y entró.
—¿Quién...? — preguntó el Sargento Garren — Xian, ¿Qué haces aquí?
—Lo siento, yo solo quería verle — se acercó rápidamente al lado de la cama.
—Sé que soy irresistible para ti y que la agonía de pensar que algo me había pasado te consumía, pero no era necesario que vinieras hasta aquí así, pueden dejarte fuera del cuerpo de batalla si te descubren.
—Ya, ya — habló suavemente —, no te preocupes por mí, no van a descubrirme. Solo quería ver que estuvieras bien.
—Pues lo estoy.
—¿Cómo te sientes? — preguntó sería y suavemente — ¿Estabas nervioso? ¿Asustado?
Él la miró, sonrió y recostó la cabeza de la almohada.
—Parece que eres tú la asustada y nerviosa — su tono fue suave —. He pasado por cosas peores.
—Lo sé, pero me preocupo, no podemos arriesgarnos a perderte — confesó —, eres importante.
—Y es por eso que me trato de mantenerme con vida. Para no dejar mi puesto antes de tiempo.
—Pues sigue enfocándote en eso — señaló sin evitar sonreír —, al menos hasta que pueda ser una combatiente capacitada que pueda estar a tu lado en la batalla y cubrirte la espalda para que estás cosas — señaló su cabeza —, no sucedan.
—¿Estás diciendo que eres quien evitará que me pase algo malo?
—Eres importante — se encogió de hombros — debemos cuidarte para que todo siga su correcto trancurso y ganemos la pelea. Pero que o se te suba a la cabeza.
—Muy tarde.
Ambos rieron y se detuvieron en seco al escuchar dos golpes a la puerta.
—Abajo, abajo — se apresuró a decir el Sargento Garren.
Sin pensarlo demasiado, Xian se metió debajo de la cama.
—Adelante.
La puerta se abrió y Xian visualizó un par de zapatos blancos.
—Hola, Joe. Vengo a apurar a Xian, acabó de ver a Alicie por la ventana — era la doctora Lysa.
—¿Fuiste su cómplice?
Xian salió de debajo de la cama.
—Así es — respondió mientras se paraba —, ella fue mi doctora durante la desintoxicación y rehabilitación.
—Rápido, Xian, afuera — apresuró la doctora Lysa.
—Sí, eh — miró al Sargento Garren —. Mátente fuerte, ¿está bien?
—Sí, sí, estaré bien con gente como tú cubriéndome la espalda — movió las manos frente a ella —. Vete, rápido.
—Adiós — agregó y salió disparada de la habitación con la doctora Lysa detrás de ella.
Iba a tomar el mismo camino por el que había entrado, pero la doctora Lysa la tomó por los brazos y la giró.
—No, no, no, por allí viene ella, vete por allí — la empujó hacia el lado contrario.
—Gracias, doctora Lysa — susurró mientras corría por el pasillo adyacente.
A pesar de la premura por salir y no ser descubierta, el corazón de Xian ahora sí estaba en paz, se sentía tranquila, había hablado con el Sargento Garrren, lo había visto.
Suspiró aliviada.
Estaba bien.
El capitán Kang estaba bien.