—Ustedes cuatro — un combatiente señaló a Darat, Wanda y dos hombres —. Por este pasillo — les indicó rápidamente. Ellos marcharon en la dirección que les había dicho sin dudar ni mirar hacia atrás. Ni siquiera se dijeron palabras entre ellos, todos parecían estar a la expectativa de lo que podría estar ocurriendo y nada más llegar al final del pasillo, a la puerta que les dejaba al descubierto, pudo ser consciente del peligro inminente. Supo en ese instante que algo terminaría mal. En el área común, había un enjambre de abejas, más grandes de las que había imaginado jamás, creando una capa oscura y espesa como una nube. El problema no sólo era ese, sino un oso que tenía una pierna rota, probablemente a causa de la caída desde la superficie. El oso era igual de grande del que recordab

