capitulo 22

1104 Palabras
—No abras — ordena, confundiéndome por su tensa actitud. —Balthazar... — comienzo a hablar, pero otra vez se escucha el timbre, interrumpiéndome y sacándole un gruñido que me hace saltar en mi lugar. Para mi sorpresa, se aparta, soltándome. Me bajo de la isla con la intención de ir hacia la puerta principal, pero Balthazar se adelanta y sale de la cocina. Lo sigo con rapidez, temiendo por la vida del individuo del otro lado de la puerta. —Joder — susurro, caminando más rápido. —No — le oigo gruñir cuando estoy a pocos metros de llegar a la puerta, seguramente echando de manera poco educada al alguien del otro lado del umbral. Me apresuro a llegar y, en un ágil movimiento que Balthazar no ve venir, me posiciono delante de su cuerpo, quedando de frente a Lucas. Mi amigo suspira de alivio al verme, pero mira de soslayo hacia Balthazar a mi espalda. —Val — suspira, sonriéndome tensamente. —Hola, Lucas — sonrío, disimulando la tensión de tener a Balthazar casi soltando burbujas de rabia de su boca detrás mío. Me relajo cuando las manos de Balthazar se cuelan entre mis brazos para rodear mi cintura y obligarme a presionar mi espalda contra su pecho en un abrazo posesivo — ¿Como estas? — disuado la atención del elefante en la habitación. —B-bien... creo — balbucea, mirando aterrado hacia Balthazar. Frustrada, me giro en los brazos del idiota y empujo su pecho. —¿Me esperas un segundo, Lucas? — no lo dejo contestar. Arrastro a Balthazar de nuevo a la cocina mientras le grito a Lucas que pase —. Deja de gruñirle como si fueras un maldito perro — exclamo en un grito susurrado. Balthazar se enfada y me mira mal. Su oscura mirada está llena de irritación. —No — me responde, ardiendo de enojo —. Lo quiero fuera de aquí, Valerie — demanda, serio. Me irrita su actitud, pero me desconcentro cuando sus manos me toman de las caderas, tomándome por sorpresa cuando las adentra en mi camiseta y le da suaves caricias a la piel de mi cintura con sus pulgares. Me estremezco, pero me obligo a no perder el hilo. —Es mi amigo, Balthazar, no voy a... —No quiero en mi casa a un maldito niño que se quiere meter entre las bragas de mi mujer — me corta, retorciendo mi vientre cuando por fin noto que su actitud es por... celos. Está celoso de mi amigo. Mi amigo gay. Quiero reírme tanto como quiero regocijarme, porque bien o mal, me gustan sus celos. —¿Esta es tu casa, Balthazar? — pregunto, reparando por fin en esa parte de su frase. Subo mis manos a sus hombros y busco el contacto para intentar calmar sus celos innecesarios. Aunque me gusten, no me gustaría sentirme como él. —Si. Es mía. Nuestra. Pero más mía si eso hace que pueda echar a esa pequeña mierda — se enfada cada vez más, pero sus manos se vuelven cada vez más suaves. Me lleva a su cuerpo, y sonrío inevitablemente. —Balthazar. Él no quiere meterse entre nada, te lo prometo — aseguro, dedicándole una mirada sabedora. Me mira con el ceño fruncido y yo solo puedo negar. —Sí lo hace — refuta, con sorna. Los celos desbordan de sus ojos. —No, no lo hace. Él no quiere meterse entre mis bragas, nene, yo diría que más bien prefiere meterse entre tus bóxers — me río, dejándolo desconcertado por breves segundos en los que me pongo de puntas de pie y beso su barbilla juguetonamente —. Y no lo culparía — coqueteo, haciéndolo reaccionar, pero demasiado tarde. Divertida, me escabullo de entre sus brazos y vuelvo hacia la puerta, encontrando a un Lucas incómodo, que se tensa cuando escucha los pesados pasos de Balthazar, que me siguen a cada paso que doy. —¿Quieres algo para comer o beber, Lucas? — pregunto suavemente para no asustarlo. —No, Valy, gracias. Solo venía a revisarte. Abby me dijo que estabas enferma — explica, pareciendo realmente preocupado. Sonrío. —Estoy bien, lo prometo. Solo... alguna de las comidas de Abby le hizo daño a mi estómago — miento, no estando preparada para revelar el embarazo. Ni siquiera sé muy bien qué pensar sobre ello. —Entiendo. Una vez me hizo probar su salsa de chili. Solo diré que mi trasero dolió por días — hace una mueca, y me carcajeo. —Esa mujer tiene algo con el picante — niego, ignorando que Balthazar empieza a impacientarse a mi espalda —. Lucas, ¿te he presentado a mi... novio? — dudo al decir la última palabra. El pelirrojo vuelve a recordar la presencia a mi espalda y lo mira. Se encoge un poco, pero niega. Me giro y tomo la mano de Balthazar, sorprendiéndolo. El castaño me mira, y sus ojos se dilatan cuando entrelazo nuestros dedos y le dedico una mirada dura para que me siga la corriente. —Lucas, este es Balthazar. Cariño, este es Lucas — los presento, pero Balthazar se muestra más interesado en la forma en que le llamo que en ser cortés con mi amigo. —U-un gusto — Lucas se aclara la garganta, nervioso. —¿Cariño? — sonríe de lado Balthazar, ignorándolo. Lo miro mal. Pero solo hace que sonría más. Su mano en la mía me aprieta suavemente y su pulgar acaricia el dorso de mi mano. La piel se me eriza, pero me obligo a poner toda mi atención en Lucas. —No sabía que tenías novio, Valy. Pero por el bombón que es, entiendo que no quisieras compartirlo — el pelirrojo me guiña un ojo y me rio, sonrojada. Balthazar levanta una ceja y mira a mi amigo, sin la sarna esta vez. —No soy su novio, soy su futuro marido — le dice, y mi jadeo se une al de Lucas. Ambos lo miramos sorprendidos, pero me obligo a salir del estupor al ver su mirada socarrona. Me está intentando joder y voy a matarlo. —Que tarde que es, ¿no? — miro el reloj en mi muñeca que no tengo y voy hacia la puerta principal. Lucas me sigue, aun un poco anonadado —. Te veré en el turno de unas horas — le susurro, antes de cerrarle la puerta en la cara. Me recuesto sobre ella y miro a Balthazar. Se recuesta de lado en el umbral de la cocina y me mira con una diversión que me pone de los nervios.
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