Lentamente, bajo el último peldaño de la escalera. Me quedo unos segundo parada en mi lugar cuando llego, nerviosa por lo que pasará cuando entre. Está claro que no volveré a dejar pasar la oportunidad de sacarle toda la información que me debe. Pero para ello voy a necesitar estar lo más lejos posible de su tacto mientras lo obligo a hablar. No estoy dispuesta a dejarle evadir esta conversación con sus ardientes caricias y su envolvente sexo. No, señor. Lo haré hablar a la fuerza si es necesario. Suspiro, frustrada, porque no es como si fuera posible obligarle a hacer algo con mi metro sesenta y ocho y mis inexistentes músculos. Negando, me armo de valor y entro en la cocina. Lo primero que veo es a Balthazar cortando frutas de espaldas a mí, vestido con sus jeans y sin camiseta, regalá

