—Tu piel... — susurro, dejando de ver uno de sus brazos cambiando de color, para volver mi atención hacia su mirada. Me devuelve la mirada por breves segundos, hasta que se entretiene analizando mi cuerpo desde el pie de la cama con descaro y con una sonrisa perversa entre sus labios. —Balthazar — me quejo. Cuando escucha mi voz, sus oscuros ojos dejan de observar mi sexo entreabierto y comienzan a subir por mi cuerpo con una lentitud desquiciante, deteniéndonos cuando llega a mi rostro y logrando estremecerme de pies a cabeza al conectar su enturbiada mirada con la mía. El castaño de sus ojos se enfrenta al celeste de los míos, y me eriza la piel por todos lados. La lujuria que su mirada desprende me descoloca. No creo que nadie nunca me haya mirado de la misma forma en la que él lo ha

