capitulo 13

1092 Palabras
—Tu piel... — susurro, dejando de ver uno de sus brazos cambiando de color, para volver mi atención hacia su mirada. Me devuelve la mirada por breves segundos, hasta que se entretiene analizando mi cuerpo desde el pie de la cama con descaro y con una sonrisa perversa entre sus labios. —Balthazar — me quejo. Cuando escucha mi voz, sus oscuros ojos dejan de observar mi sexo entreabierto y comienzan a subir por mi cuerpo con una lentitud desquiciante, deteniéndonos cuando llega a mi rostro y logrando estremecerme de pies a cabeza al conectar su enturbiada mirada con la mía. El castaño de sus ojos se enfrenta al celeste de los míos, y me eriza la piel por todos lados. La lujuria que su mirada desprende me descoloca. No creo que nadie nunca me haya mirado de la misma forma en la que él lo hace. Mi piel se estremece por donde Balthazar mira, y no sé si es de miedo o.... de ansias de que cumpla todo lo que sus lascivos ojos están prometiendo hacerme mientras sigue comiéndome con ellos. Esta última vez será rápida, nena. Pero te gustará — pasa su lengua rosada por su labio inferior. Sus ojos siguen recorriéndome y no me pierdo la forma en que toma su gran m*****o en la mano y empieza a acariciarlo. Se ve brillante por nuestros orgasmos, y me remuevo en la cama por las vistas. Sin embargo, sus palabras por fin retumban en mi cerebro. —¿Última vez? — repito, y me sorprendo al sonar acusadora. Debería sentirme aliviada de que diga que será la última vez. Pero, en cambio, una molestia se aloja en mi estómago. —Última vez por ahora, niña. No suenes tan triste por ello — se burla y yo me sonrojo. —¡No lo hago! Estoy muy aliviada de que por fin me dejes en paz — miento horriblemente. Balthazar suelta una ronca carcajada, y la indignación me hace apartarle la mirada. ¿Quién se cree que es? Con esa risa ronca tan sexy, esos ojos decadentes, esa polla... ¡Concéntrate, Valerie! —No creo que alguna vez puedas mentirle a alguien, nena. Mucho menos podrás hacerlo conmigo. Nunca — la arrogancia que destila en sus palabras, lo hace ver tan engreidamente guapo, que me da rabia. —Podría mentirte — me ofendo —. No me conoces. La mirada de Balthazar se vuelve oscura, y en instantes me arrepiento de lo que sea que haya dicho para que esa sonrisa engreída y esa mirada ardiente, cambien a facciones aseveradas y a una mirada de advertencia. Su cuerpo se inclina sobre la cama y viene hacia mí con lentitud. Me retuerzo cuando lo tengo encima. Pero su mirada me manda a quedarme quieta mientras se acomoda sobre mí. La nueva calidez de su cuerpo hace estremecer mi piel aún más cuando sus brazos me rozan sobre la cabeza y sus piernas se instalan entre las mías retenidas y estiradas. —Te equivocas, Valerie. En ambas cosas. Y muy pronto te darás cuenta de ello — la ronquedad y decadencia de su voz, me hacen olvidar automáticamente de lo que estábamos hablando. Sus labios rozan los míos como una tortura, y mis pezones se ponen en punta cuando su duro y marcado pecho se posa sobre el mío. Gimo inevitablemente cuando una de sus manos baja por mi vientre con lentitud. Mis parpados se cierran con pesadez cuando termina su recorrido en mi sexo. Sin preámbulos, adentra uno de sus dedos entre mis pliegues, comenzando a atender mi clítoris con suavidad mientras su mejilla roza la mía y su rostro se hunde en mi cabello. Sus labios me hacen cosquillas en la oreja y me quedo sin aliento. —Tu coño sabe que lo conozco, nena — se ríe ronco y gimo, porque su risa hace que su pecho vibre y le mande zumbidos a mis pezones durísimos —. Mira como se pone con tan solo unas caricias — gruñe. No se equivoca; mis fluidos le empapan los dedos en segundos. Mis pliegues calientes palpitan bajo su toque. Todo mi cuerpo vibra por su cercanía, y eso me aterra tanto como me desconcierta. Nunca he sentido algo tan intenso en la vida, pero Balthazar parece dispuesto a desafiar los límites de mi cuerpo. —Y mira estas tetas — gime y baja a chupar uno de mis pezones. Me arqueo. Mis manos se aferran con fuerza a las cadenas que me retienen, y mi sexo se empapa aún más —. Gritan conocer a su dueño, gritan de necesidad de ser chupadas por mi — el sonido de su boca chupando mis duros pezones, le hace algo a mi libido. Lo hace tan bien, que podría correrme con tan solo esto. Aumentando mi tortura, uno de sus dedos gruesos y largos se adentra en mi interior con fuerza, embistiéndome profundamente. —Balthazar — gimo, con los ojos apretados y mi cuerpo arqueado sobre las sábanas. Sus dedos hacen magia en mi centro, encharcado por mis jugos y sus corridas. Mis muslos y pliegues son un desastre de fluidos pegajosos. Mi piel está perlada por el sudor de toda la acción que estamos teniendo. Y mis pensamientos son un remolino, que se vuelve un huracán cada vez que sus manos vuelven a estar sobre mi cuerpo. Otro grito ahogado se escapa desde lo más profundo de mi garganta cuando otro de sus dedos se suma a las penetraciones, hurgando en mi interior. Chillo cuando toca un punto desconocido allí que me hace rodar los ojos y casi perder la inconsciencia por el placer. —Por favor — lloriqueo, pero no sé qué pido. Solo sé que se siente muy bien y que necesito llegar —. Balthazar — suplico y el susodicho gruñe. —No antes de tenerme allí — se detiene y gimoteo, insatisfecha. Sus dedos abandonan mi interior, pero en un rápido movimiento su polla los reemplaza. Me penetra. Su gran y duro m*****o me divide los pliegues y se adentra en mis profundidades con dureza. La humedad le permite entrar con facilidad, pero algunos centímetros de él se quedan afuera. Es demasiado. Grito con fuerza y las lágrimas caen de mis ojos. El orgasmo es inminente. Explota como una piñata cuando es golpeada, y no puedo dejar de retorcerme mientras Balthazar empieza un mete y saca duro. No se detiene hasta que está asentado del todo dentro de mí, pero para cuando parece estar cerca, la inconsciencia me lleva.
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