Horas después, despierto y vuelvo a estar libre de cadenas. Pero sola sobre la enorme cama. Sin rastros del ex fantasmal y con el sol puesto en todo lo alto. Miro el reloj antiguo y lujoso que cuelga sobre la chimenea de la habitación y noto que son pasadas las seis de la mañana. —Joder — susurro. Tengo que salir a buscar un empleo. Soltando un suspiro, me levanto de la cama. Siento como todos y cada uno de mis músculos duelen y me exigen volver a recostarme, lo cual ignoro. Presa de la curiosidad que me invade el por fin poder entablar una conversación con Balthazar, ahora que no me encuentro encadenada a la cama y no lo tengo dentro de mi para distraerme. De pie, me doy cuenta de que no siento aquella familiar sensación del semen bajando por el interior de mis muslos. Extrañada, voy a

