capitulo 11

1047 Palabras
Engulle su dedo medio entre mis pliegues y comienza a torturar mi clítoris, sacándome todo tipo de pensamiento coherente. Gimo de placer al volver a sentir su tacto suave y frío sobre mi pequeño botón erógeno. Lentamente, hace círculos sobre él. Sin previo aviso, me eleva en el aire, rodeando mi cintura con uno de sus oscuros brazos. Mis piernas quedan colgando y todo mi cuerpo ahora se acomoda contra el suyo. Su fuerza es sorprendente. Ni siquiera parece estar haciendo esfuerzo mientras me sostiene a su gusto y no deja en ningún momento de darme placer. Mi culo termina sobre su duro y erguido m*****o, en una posición que me permite sentir el roce de su glande contra mi espalda. Mi cabeza termina a la altura de la suya, y un jadeo escapa de mis labios al verme elevada a través del espejo. Su oscura piel en contraste con mi pálida piel, su altura imponente a mi espalda, la desnudez de ambos y el hecho de que mis pies estén lejos del suelo, hacen que la visión que tengo en el espejo sea aún más delirante de lo que la situación en sí es. La mano en mi entrepierna, la cual no ha dejado de torturarme y de sacarme gemidos, se aparta al interior de mis muslos, obligándome a abrir mis piernas en un brusco movimiento que le da paso a su enorme y dura erección para quedar justo rozando mis humedecidos pliegues. —Ahh — gimo cuando su glande roza mi clítoris tentativamente y observo. Su mirada se oscurece aún más por el exquisito contacto, en tanto sus facciones demuestran cuánto le gusta lo que me está haciendo. Su palma se retira de mi muslo y vuelve a posar su pulgar sobre mi clítoris, comenzando a hacer círculos sobre él y separando aún más mis pliegues con dos de sus dedos. Le da vía libre a su glande para posicionarse sobre mi húmedo y ardiente canal, que se contrae de ansias. Sin preámbulos, alinea su m*****o y se adentra entre mis paredes en un lento y rotundo empuje, estirándolas a su paso y sacándome un fuerte gemido que escapa de mis labios, desbordante de placer y sorpresa en partes iguales. Su dura y enorme longitud se adentra de forma lenta, dándome tiempo para acostumbrarme al estiramiento a medida que sigue guiándose entre mis paredes y que va quitándome gemido tras gemido. Cuando llega hasta la mitad y mi interior parece poner objeción ante su entrada, sus caderas se mueven detrás de mí y se retira por unos centímetros, antes de volver a guiarse dentro y terminar de adentrar su m*****o en su totalidad. Gimo alto al sentirle llegar tan profundo como la primera vez, pero... distinto. —Se siente diferente — jadeo y abro los ojos. Mis manos se aferran con fuerza a su brazo en mi cintura. Alarmada, reparo en que logro sentir calor dentro de mí, el calor de su m*****o. Al contrario del resto de su cuerpo, que es frío, logro sentir las venas sobresalientes y cómo palpita dentro de mí. Y, sobre todo, esta vez logro verlo a través del espejo. Logro ver como su gran m*****o se adentra en mi intimidad, estirándome como nunca antes y sacándome pequeños gemidos a medida que avanza dentro de mí. Poder verlo lo hace tan caliente como perturbador. Una vez que se encuentra por completo dentro, comienza a empujar. Le veo mirar con satisfacción su m*****o entrando y saliendo de mi interior. Siento una ligera incomodidad allí abajo, pero el placer es mucho más intenso y me hace gemir ahogadamente cuando empieza a embestirme. No logro aguantar por mucho tiempo y algunas embestidas después, me corro estrepitosamente. —¡Balthazar! — grito su nombre en medio de la explosión. Siento como mi cuerpo convulsiona. Mi piel arde y todo debajo de mi bajo vientre se contrae. La humedad nos empapa a ambos cuando exploto alrededor de su m*****o. Mi orgasmo es interrumpido cuando, de repente, siento cómo nos movemos bruscamente. Abro los ojos alarmada, para encontrarme de lleno con el espejo. Mi mejilla termina bruscamente contra el y utilizo mis manos para sostenerme del vidrio. Mis pies aún elevados en el aire. El brusco movimiento no es lo que me sorprende más, sino el empezar a sentir un cambio en la temperatura detrás de mí. Me quedo helada cuando me percato de ello y reparo en que el frío que siento sobre mi espalda está desapareciendo, dejándole paso a un intenso calor. —¿Qué...? Desconcertada, muevo mi rostro sobre el frío espejo y observo hacia abajo, reparando en que el brazo alrededor de mi cintura... ya no es invisible. Logro verlo sin necesidad de mirar a través del espejo, logro sentir su calor chocando contra el mío. —¿Qué está sucediendo? — jadeo, alarmada. Un jadeo escapa de mi boca cuando, de repente, escucho una ronca risa sobre mi oreja, haciendo eco en toda la habitación y erizando mi piel de pies a cabeza al entender lo que está sucediendo. Se está haciendo real. De pronto, el ya no tan fantasmal hombre a mi espalda comienza a moverse dentro de mí. Sale bruscamente de mi interior y vuelve a penetrarme profundamente, provocando que un grito de placer salga de mis labios. Para mi sorpresa, éste es acompañado por un gruñido bestial que choca contra mi oreja y que hace empapar mis pliegues. Ya no logro generar pensamientos coherentes. No logro procesar el hecho de que aquel fantasma ya no sea tal. Que ahora es carne y hueso, y puedo sentir su calidez, puedo escucharle. Ya no logro pensar con claridad, porque su m*****o vuelve a salir y a entrar de mi interior con más dureza, repitiendo este proceso una y otra, y otra vez, sacándome gritos de placer y sacándole graves gruñidos a él mientras sus embestidas se hacen cada vez más rudas. Mis paredes comienzan a contraerse alrededor de su dura erección de nuevo, anticipando otro glorioso orgasmo. —¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! — cada embestida es un nuevo grito que sale ahogado contra el espejo mientras le siento partirme. Y esta vez puedo escuchar su excitación por medio de jadeos y gemidos roncos que suelta contra mi oído.
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