—¡No! — gritan Calliope, pero sus gritos se ven opacados cuando los hombres de Balthazar sueltan disparos ensordecedores hacia los tres hombres que le dispararon al D'Alesso caído, asesinándolos en el acto. Un jadeo quiere escapar de mis labios al ver tan violenta escena, pero otra punzada en mi hombro me saca un grito de dolor cuando Balthazar comienza a correr conmigo entre sus brazos y con más de diez hombres rodeándonos mientras él nos empieza a conducir lejos de la masacre en la que los hombres de Balthazar no dejan de perforar cabezas con sus balas o cortar gargantas con sus dagas y espadas. La sangre no deja de bajar por mi brazo y, de a poco, mi vista comienza a tornarse borrosa y oscura, cosa que evita que pueda seguir mirando la batalla sanguinaria que nos rodea. Balthazar se e

