Cientos de miradas se posan sobre mí cuando cruzo el umbral, sin detenerme a pensar en ello continuo mi camino buscando desesperado a Alexander que no ha venido por mí. Escucho claramente esos susurros que parecen dirigirse a mí, miradas escrutadoras me hacen temblar y de pronto siento ganas de echar a correr lejos de allí. Con una determinación fingida cruzo la primera sala viendo de reojo los cuadros de hombres y mujeres desnudos ¿Alexander los había hecho? La pregunta causa una incomodidad en mi interior, el pensar que otro hombre desnudo estuvo frente a él me causa un sentimiento de tristeza. Me detengo en la siguiente sala con admiración al ver al hombre que ha pintado, recuerdo haberlo visto en el estudio. Las finas pinceladas dibujan la piel de una manera brillante y atractiva,
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