Las gaviotas graznaron perezosamente y la brisa del mar roció una niebla salada a sus pies mientras Topacio, Amatista y Esmeralda estaban de pie en el muelle oscilante. Amatista miró por la pasarela al Searchthrift, el barco con destino al Nuevo Mundo. Su casco n***o reflejaba los rayos del sol, sus velas se alzaban contra el viento, sus mástiles se elevaban hacia el cielo. El galeón se mecía suavemente, empujando el muelle, como instando a Topacio a darse prisa y emprender su viaje, para no volver jamás. Topacio había recuperado el color en sus mejillas, sus ojos claros brillaban con visiones de su nueva vida por venir. Su cabello, derramado por su espalda y adornado con un círculo de terciopelo, despedía un fuego propio a la luz del sol. “Bueno, esto es todo, hermanas”. Topacio juntó s

