Amatista se sentó y escribió una de las cartas más importantes que escribiría en su vida: a su nueva reina, Isabel. Trabajó borrador tras borrador, arrugando cada página en una pila creciente en el suelo. Esto había que pulirlo. Esto tenía que ser conciso. Esto tenía que ser perfecto. Ruego humildemente a Su Majestad que averigüe el lugar de descanso final de mis sobrinos Eduardo y Ricardo Guilford, quienes murieron tan repentinamente en la cúspide de su juventud en la Torre de Londres… Ruego humildemente a Su Majestad que averigüe el lugar de descanso final de mis sobrinos Eduardo y Ricardo Guilford, quienes murieron tan repentinamente en la cúspide de su juventud en la Torre de Londres…Esa fue la parte fácil. Ahora necesitaba pedirle a su reina que encontrara en su corazón la respuest

