1. Ashley
Si habláramos de mi vida, no tengo nada para quejarme. La vida de princesa en toda regla la he llevado yo. El armario a tope de conjuntos, los zapatos de moda, los bolsos más caros, el maquillaje que jamás utilizaré. A papá siendo un poderoso en los negocios y viviendo por mí. A mi madre siendo la prestigiosa dueña de una editorial y viviendo también por mí. Cuando hablamos de amor, tampoco me ha faltado. Los padres que se enfocan más en el trabajo que en mí, no, absolutamente, no me sucede. Dylan y Alessandra se preocupan por mí, me atienden y demuestran constantemente su amor. Si continuamos hablando de amor, debo mencionar a mis tíos. Esa familia, no de sangre y sí de corazón, que me dieron mis padres. A mis primos y a esa primera sobrina-ahijada que me dieron Logan y Allison.
—Estás a tiempo de huir —susurra en mi oído mi primo Logan. Doy un salto brusco producto al aterrizaje forzoso que acabo de hacer después de viajar en mis pensamientos.
— ¿Por qué huiría de la boda con el hombre que quiero? —pregunto y él sonríe antes de besarme en la frente.
—Tal vez porque el querer no lo es todo —responde alcanzando la silla que acompaña la mediana mesa blanca y moviéndola hasta situarla frente a mí. Se sienta con su mirada escaneando mi rostro.
—No quiero merodear en dudas ahora, Logan —pido. Logan es como mi hermano. Me conoce y conoce mi historia. Si seguimos hablando sé que creará dudas en mí sobre si es buena idea casarse o no. Porque sí, hay cosas que pesan y si nos detenemos a pensar valen un NO.
Él asiente como si me entiendese o al menos evitara dañarme. Toma mis manos y las agarra mientras noto como formula una respuesta.
—No quiero provocarte dudas, Ash, solo quiero decirte que es este el momento de pensar lo que no hiciste antes. Plantearte si esos pensamientos cambian la respuesta en esa ceremonia o si se mantienen. No hay otro chance bonita, es ahora. Si tienes miedo, háblame y te ayudo a concretar la idea de lo que quieres y necesitas en tu vida.
Logan sí estaba provocando inseguridad en mi decisión. No lo hacía por mal, lo entiendo, como hermano solo intentaba hacerme reaccionar en lo que iba a hacer. En medio de todas mis dudas, me llenaba de una calidez y protección tremenda por él.
La puerta de la habitación emana un crujido y ambos miramos hasta la persona que aparece frente a nosotros. Sonreímos a la vez mientras mi prima Allison y su nena caminan hasta nosotros. Logan me suelta la manos para tomar en brazos a su hija en lo que Allison se ubica a mi lado en la cama.
—Vienen a invadirte las chicas en cinco minutos —anuncia mi prima—. Así que, Ash, si no estás segura dime y retraso su aparición por más tiempo.
—Ahora mismo tengo la mente en blanco —me sincero.
Noto como Logan le da cariño a su hija y sonrío encantada. Estoy feliz de que ellos han luchado y vivido el amor de verdad, sin límites.
—Ash, ve a verlo —ofrece una idea Logan—. Sale de esa chica tímida. Te lo dije una vez, es tu chico, no tienes por qué tener vergüenza con él. Sin miedos Ash. Procura obtener todo lo que no tienes y necesitas. Si no funciona Ash, es tu decisión hermosa, pero, ya la respuesta está clara.
Logan se levanta con su hija en brazos y vuelve a besarme en la frente.
—Estaremos fuera —informa a Allison antes de besarla con mucha pasión. Otra pareja más que veo a mi alrededor y me hace plantearme la vida que llevo yo con mi chico.
En un segundo las palabras de Logan causan estragos en mi cabeza. Otro segundo se extiende en dudas, con la forma de mostrarse amor de mis primos. Más segundos empiezan a conectarse con la manera de querer de mis padres y de mis tíos. Sí, está claro que no todas las parejas son iguales y que no deberíamos fijarnos en el actuar de las demás; sin embargo, cuando a tu alrededor hay mucha intensidad en miradas, en amor, en protección, lo empiezas a desear también mucho o, en mi caso, al menos un poco para mi vida.
—Ali, ¿puedes decirles a las chicas que me tomaré una hora más? —cuestiono y ella asiente condescendiente.
Le doy un beso en la mejilla antes de tomar la llave del departamento de Adams y correr hasta la puerta de mi habitación.
—Por si no te has dado cuenta, te informo, la bata te cubre absolutamente nada —avisa y yo sonrío como respuesta antes de mover la manilla y abrir solo un poco la puerta, espacio suficiente que me permitiera salir.
No tendría que dar explicaciones, pero, eso no quita que mi madre y mis tías se vuelvan meticulosas con las horas de arreglo que, sacando cuentas del tiempo que voy a utilizar en hacer alguna locura con mi prometido, me deje con poco menos de media hora para arreglarme.
Así, bajo las largas escaleras blancas saltando de dos escalones en dos hasta terminarla. Tengo que apresurarme en doblar a la izquierda para tomar la puerta trasera después de la cocina, de lo contrario, por la sala me atacarían a preguntas. Finalmente, llego a mi auto y lo tomo sin mucho merodeo. Aquí es donde se darían cuenta de mi escapada, pero igual no les alcanza el tiempo ni para quejas porque las puertas dobles de acceso a la mansión ya están abiertas permitiendo mi paso.
De camino al apartamento de Adams, le daba mil vueltas en mi cabeza a lo que quería hacer. Es lo que le pasa a una chica tímida. La voluntad y la idea concretada en mi mente de algo que quiero hacer y al estar de cara a la realidad todo se consume a hacer nada. Hasta cierto momento, mi personalidad no me pasaba factura, puesto que poco a poco iba pasando de mis miedos. Sí, podía tener nervios al enfrentarme a un gran número de personas mientras modelaba, pero, sabía que debía hacerlo y lo hacía. Tímida pero valiente. En cambio, concretamente, había un momento de mi vida donde las cosas no me salían así. La palabra valiente se iba de paseo por los campos elíseos y me dejaba sola a la timidez, quién, estando abandonada se burlaba de mi mente.
Y estaba hablando de mi vida privada. Estaba hablando de él, Adams, el primer chico que dejé entrar a mi vida hace tres años.
Pasé por todas las etapas de una relación o eso creo. La que viene en tonos rosados, que es esa que deja en las nubes a cualquiera, con un mareo descomunal. Sí, dónde escuchas solo cosas bonitas, vive los mejores momentos y todo se resume a complacer, a la pareja, a uno mismo y a los dos. Pasamos a la etapa en tonos rojos. No voy a engañar a nadie y haciéndolo nadie me dejará tampoco llegar muy lejos; esta etapa es probablemente la más fascinante. Es el momento donde se quiere estar todo el tiempo encerrado en una habitación con la pareja, dónde cada rincón de una casa y cada mueble valen porque sí, todo se utiliza para alcanzar un orgasmo, dónde una mirada ya está incitando al sexo. Mi problema ya empezó a surgir desde esta etapa.
La timidez nunca me dejó salir de mi zona. Me impidió rotundamente entregarme sin miedos. Siendo particularmente clara, jamás he provocado o he dirigido en el sexo. No pensé que suponía un problema. Me gustaba que él tuviera el mando, lo disfrutaba y pensaba que él también. No es una excusa, pero, a mi defensa diré que he crecido viendo a hombres posesivos, bastante dominantes y pensé que todos eran así. Sin embargo, la etapa en tonos rojos ha pasado y tal vez, haya dejado como resultado el que Adams esté cansado de ser siempre él el capitán del barco.
Yo le empecé a llamar la etapa de tonos negros. Esta es la etapa en descenso de la relación. Llegar aquí no es un problema mientras no te mantengas y subas a los tonos vivos. En mi caso, quiero pensar o mejor dicho, intentar volver al tono anterior porque de lo contrario ya no quedaría nada más para nosotros.
Si yo fui la causante a este descenso, quiero reponerlo hoy.
Me detengo frente al departamento de soltero de mi prometido, dónde tantas veces me quedé a dormir. Hoy lo entregaría, pues, después de la boda pasaríamos a vivir en la casa que me ha regalado mi padre.
Detengo el auto y bajo con prisa. No es suficiente, así que corro hasta el interior del edificio. No soy una chica común, por tanto, dar una visión así de mí provocaría automáticamente estar en primera plana en cualquier revista de chismes.
Cruzo el vestido con la misma velocidad a la que entré. Probablemente piensen que estoy huyendo de algo, más, cuando vean mi rostro seguirán despreocupados. He visitado muchas veces este edificio. Tomo el elevador y para mi suerte, está vacío. Cuando las puertas del elevador vuelven a abrirse me encuentro con una chica que planeaba subirse. Repara en mi aspecto pero no le doy tiempo ni a respirar porque paso de ella para llegar a la puerta de mi prometido.
La llave me da problemas y en vez de tocar, llevo una lucha con ella hasta que cumple con su misión. Por una pequeña apertura de la puerta accedo al piso de Adams y cierro tras mi paso. El gemido alto de mujer me frena automáticamente en seco.
Regalo adelantado de boda: unos preciosos cuernos.