Lo veo marcharse de su habitación y mi respiración parece ir recobrando la compostura. Mis labios están resecos e inmediatamente paso mi lengua por ellos. El corazón me late de prisa y no sé por qué demonios. El cuerpo parece vivir un incendio dentro y aunque me repita unas mil veces por segundo quién es ese hombre, la llama no disminuye ni un poco. Es la segunda vez que noto excitación en él y es la maldita primera vez que yo me revuelco tan profundamente en el placer. Me muevo hasta el espejo ubicado en su habitación. Una necesidad loca aparece en mí: la de verme justo ahora frente al espejo. Quiero ver mi cuerpo excitado. Quiero observar con mis propios ojos lo que nunca he hecho: desafiar mi timidez con el placer. Quiero amarme a mí misma y quiero excitarme viéndome. Mis labios e

