¿Negarme? No puedo. He querido demasiado esto y justo ahora que dejará de darle largas no puedo decirle que no. Su dedo viaja por mi hendidura y me estremezco sobre la cara madera. No le da rodeos, no merodea antes de auxiliarse de mi humedad para introducir dos dedos. Es increíble como él me logra tener así, disponible y receptiva a todo lo que quiera hacer. Su mano impacta contra mi nalga y me gusta. Desde que lo hace he creado adicción también a ello. Pasa su mano suave por el sitio y vuelve a azotarme. Cierro los ojos excitada, perdida y encantada. Su mano vuelve a acariciar y espero el próximo azote, pero no llega. —Pídelo —ordena y yo me remuevo en busca de más, pero no hace nada más. Los dedos que tenía dentro de quedan quietos. Si suplicar es la única forma de obtener, lo h

