Capitulo 7

979 Palabras
Capítulo 7 Mia Después de pasar el día con Karina me regresé a casa, ya era de noche y estaba pasada la hora de la cena. Cuando cruce la puerta de la casa estaban en la sala mi mamá, Eddy y Angel mirando, no sé qué en la tele. Como no hice ruido no se dieron cuenta y me quedé unos minutos observándolos. Mi mamá les pasaba palomitas a Eddy, Eddy a Angel y así sucesivamente, la escena me saco una sonrisa. Las cosas que compre, las lleve a mi apartamento, ya mañana voy a volver. —Opa, están viendo película sin mí —hablo haciendo que se volteen —Qué malos. —Hola hija, solo estamos pasando el rato —dice mi mamá. —Hey, ¿cómo te ha ido? —me pregunta Eddy. —Bien, todo bien. Karina les manda muchos saludos. Miro a Angel y este me da una sonrisa. Me dirijo al sofá dónde están los tres y me siento al lado de mi mamá. —¿Cómo está, Karina? —Muy bien, estuvo visitando a sus abuelos este finde —le digo. —¿Cenaste? —me pregunta mi mamá. —Sí, ¿Qué miran? —Un documental sobre El triángulo de las Bermudas, muy interesante —dice Eddy. —Súper, he visto algunos y sí que lo son —digo —Y por cierto, mamá, mañana ya me iré a mi apartamento. —¿Qué? ¿Por qué? —Bueno, ya tengo como una semana aquí, además sabes que ya estoy independiente y todo eso y no te preocupes, vendré a visitarlos muy seguido. —¿En qué momento creciste que no me di cuenta? —me pregunta con los ojos aguados —Ayer eras así de pequeña. Me abraza y me besa la frente. —Te amo. —También te amo, mamá. El documental acabó y mi mamá y Eddy se fueron a revisar, no sé qué cosa del caso en el que están. Me arrastro en el sofá hasta llegar a Ángel y posar mi cabeza en sus piernas. Me mira con una sonrisa y se ve más guapo de lo normal. Se inclina hacia abajo y me da un corto beso en los labios. —¿Qué has hecho hoy? —Estuve mirando unas cosas de la universidad, ya en una semana tengo que volver —me dice. —¿Cómo? ¿Tan pronto? —me incorporo. —Pedí una semana para venir de visita, y me voy a tomar unos días más, por suerte hice casi todos mis trabajos y no tendré tareas acumuladas, pero en un mes y medio ya tendré vacaciones y volveré —me dice. —Entiendo —no me hace mucho agrado, pero bueno —¿Por qué elegiste esa universidad? —Eddy estudio ahí, no sé, quise seguir sus pasos, es un gran ejemplo para mí —me dice. —Eddy es un gran hombre —le digo y me da un beso. —¿Y tú? ¿Qué hiciste toda la tarde? —me pregunta. —Más que nada hablar con Karina, no se podía creer que estamos juntos, comimos y fuimos de compras. —¿De compras? —pregunta y asiento —¿Y dónde está lo que compraste? —Lo deje en mi apartamento, no era nada que necesitara tener aquí —le digo —, tengo que volver mañana ¿Me llevarías? —Claro. ¿Me vas a enseñar tu habitación? —me dice con una sonrisa pervertida. —Pueda que sí, depende —me siento a horcajadas en sus piernas. —¿Depende de qué? —De lo que vayamos a hacer —le digo y lo beso. —¿A si? —Sí. —¿Te demuestro un poco? —me pregunta, me besa. —¡Aquí Nooo! —me alarmo. —Tienes razón, eres muy ruidosa —dice y me echo a reír. Nos quedamos un rato ahí, dándonos cariño. Todo están diferente ahora, y tan increíble jamás pensé que estaríamos así algún día. La vida es tan impredecible. —Vamos a la habitación —le digo —estoy cansada. —¿A la tuya o a la mía? —Pues a la mía, necesito un masaje. —Eres la única persona que se cansa comiendo y yendo de compras —dice divertido. —No me causa gracia —lo miro mal. Me levanto del sofá y me encamino a las escaleras. Llevo a la habitación y mientras me pongo el pijama, unos brazos me rodean por atrás. —¿Qué te había dicho sobre dejarme solo? —Oh, me olvidaba que el monstruo que habita en la sala te va a comer si no estoy —dije riendo. Me voltea y me besa con pasión, me sujeta de las caderas y camina conmigo hacia la cama. —Nos van a escuchar —le digo entre besos. —¿Y? —sigue besándome. —No me hace gracia que mi madre me escuche follar a metros de su habitación, estás loco, ¿o qué? —le digo. —Pues vamos a la mía, está más apartada —sigue besándome. Qué dilema, quiero ir, pero al igual no. —Si lo que estás pensado es que no quieres irrespetar la casa de nuestros padres, pues sorpresa ya lo hemos hecho antes —me dice divertido. —¿Qué? No, el problema es que con ellos aquí es diferente. Veo cierta molestia en su cara y no me gusta. —Vamos, no te molestes —le doy un beso. —No estoy molesto —rueda los ojos. —Tienes cara de estar molesto. —Pues no lo estoy, y no me provoques que ahora sí me puedo molestar —advierte. —Ven, vamos a darte ese masaje. Ruedo los ojos divertida y me acuesto de espadas en la cama.
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