Capítulo 2
El tatuaje
Mia
Cuando llegamos a casa me fui directo a mi habitación, necesitaba un baño. Todo esto me tiene tensa. Pongo música y entro a la ducha para llenar la bañera y adecuo la temperatura del agua para bañarme. Ocupo el tiempo que sea necesario procurando relajarme y dejar de pensar en todo lo preocupante de esta situación.
Angel me tiene nerviosa, no puedo negar que su presencia me hace recordar a cuando estuvimos juntos y no me gusta sentirme vulnerable en este tipo de situaciones.
Una hora más tarde y toda una playlist reproducida después estoy rejada y hasta me olvide de que Angel, está aquí en casa. Salgo de la bañera y me seco con una toalla, la dejo encima del lavabo y voy desnuda a mi habitación.
—Ouh, ya veo que aún tienes nuestro tatuaje —doy un salto del susto cuando veo a Angel sentado en un sillón que tengo en mi habitación.
—¿Qué haces aquí maldito idiota? ¿Qué no sabes que es la privacidad? —busco la manera de como taparme.
Cuando éramos novios nos hicimos un tatuaje juntos. Él un corazón con una M y yo uno con una A. Las iniciales de nuestros nombres y ni siquiera termino de entender por qué lo hicimos. Claro, estábamos borrachos esa vez.
—No, Estaba aburrido, así que vine a charlar un rato ¿Está mal querer hablar? —me dice enfureciéndome al instante.
—No, pero lo que sí está mal es entrar a la habitación de una chica sin pedir permiso y más si ella está desnuda —le grito.
—¿Cómo voy a saber que estabas desnuda? Y además no tienes nada que yo no haya visto antes —le resta importancia a lo que digo.
—Sal de mi habitación, sal —lo echo. Se levanta del sillón y pienso que me hará caso, pero no, se acerca a mí y me siento como una pequeña liebre enfrente de un gran león con la mirada que me dedica.
—Por favor, sal —repito con la voz entre cortada y nerviosa. Se posa en frente de mí y me toma la barbilla y de una siento como me voy sonrojando.
—Me gusta ponerte nerviosa —me dice en un susurro.
—No estoy nerviosa —trato de normalizar mi voz.
—Yo pienso que sí.
—Y que importa lo que tú pienses —me aparto —Por favor sal de mi habitación, necesito vestirme —digo dándome cuenta de que aún estoy desnuda, frete a él.
—Está bien, me voy, pero antes —me quedo en la espera de que diga algo, pero no, no dice nada, solo se acerca y sin previo aviso estampa sus labios con los míos dándome un beso que me deja sin aliento. Se abre paso en mi boca y su lengua toca la mía, sus manos acarician mis costados y suben hasta posarse en mi cuello mientras que el beso toma intensidad. Por un momento no pienso en lo que hago y cuando caigo en cuenta me separo de él, entro al baño rápidamente y cierro la puerta.
—Cuando salga no quiero verte ahí —le grito y unos segundos después escucho como se estrella la puerta de mi habitación. Está loco, es lo único que puedo decir. Salgo de baño, me pongo mi pijama para acostarme a dormir. Ya en la cama me doy cuenta de que no he traído agua a mi cuarto, todas las noches lo hago. Siempre tengo que tomar agua antes de dormir.
Me paro de la cama y voy directo a la cocina, tomo un vaso grande de las gavetas y lo lleno con agua fría del congelador, cierro la puerta y casi se me cae el vaso cuando veo a Angel ahí parado.
—¿Quieres dejar de asustarme así? —No, me gusta hacerlo. Lo miro mal e intento pasar por su lado, pero me detiene atravesándose en mi camino.
—¿Qué quieres? —Nada.
—Pues quítate de mi camino —trato de empujarlo.
—No quiero. En serio, en serio. Ya me estaba cabreando. —¿Y qué quieres entonces? —si se queda más tiempo ahí parado seré yo quien lo bese esta vez.
—Lo mismo que tú —tenía que ser una broma.
—Y según tú, ¿Qué quiero yo?
—Que te bese de nuevo —maldito. Lo miro con cara de trágica y…
—Ya sabía yo que soy bueno leyendo mentes.
—No eres bueno en nada, no quiero que me beses.
—¿Estás segura? —inquiere con una sonrisa traviesa —Yo sí creo que soy bueno en algo.
—Pues sí, estoy muy segura. Ahora quítate que quiero irme a dormir.
—Ok, pero esta conversación no ha acabado. Te dejo ir solo porque nuestros padres acaban de aparcar en el garaje hace como 5 segundos.
Abro los ojos y me voy corriendo, subiendo las escleras para que no me vea hablando con este idiota, no quiero la preguntadera de ¿Qué han hecho? ¿Ya son amigos? Y más porque estaba segura de que Angel iba a hacer comentarios sarcásticos.
Llego a mi habitación, tomo el agua que lleve y me acuesto a dormir y no se para que, si mis traicioneros pensamientos me recuerdan el maldito beso que me dio ese idiota.
Me frustra todo esto y que él se esté pasando de listo con sus estúpidos comentarios me dan ganas de ahorcarlo. ¡j***r! Necesito dejar de pensar y dormirme de una vez y la única solución que encuentro es tomarme una pastilla para dormir, gracias a Dios no tengo clases mañana porque esta pastilla me hará dormir hasta tarde.