—Es un pijama que encontré en tu equipaje —responde tomando una franela de algodón. —¿Y quién me cambio de ropa? —Adriana se cruza de brazos esperando una respuesta. —Cuando vomitaste te desmayaste, te lleve hasta el yate y te quedaste dormida. Pero a mitad de camino volviste a reaccionar y fue cuando vomitaste toda la ropa, ¿Qué esperabas que hiciera? No te iba a costar en la cama con la ropa sucia. Ella frunce el ceño, ese no era problema, el detalle de aquella historia era que ella no llevaba ropa interior puesta. ¡Era un maldito! —¿Y era necesario que me quitaras la ropa interior? —toma una almohada para lanzársela, pero Bastián la esquiva. —Oye, no sé cómo duermes —alza las manos en gesto de paz. —No era necesario…—lanza otra almohada —. Que me quitaras la ropa…—otra almohada —.

