Anya Saca una llave del bolsillo, abre la puerta y prácticamente me catapulta hacia adentro. Logro sostenerme antes de caer con estos ridículos tacones. Las luces se encienden titilando y la puerta se cierra de un portazo. Y entonces quedamos solos. Él se queda de pie junto a la puerta, mirándome como un depredador listo para lanzarse. —Tú eres el dueño de este lugar, ¿verdad? —por fin me cae la ficha. No me molesté en investigar quiénes eran los dueños cuando vine a buscar trabajo. Sé que los Nikolayev tienen las manos metidas en toda clase de negocios, pero nunca pensé que también poseyeran un club de striptease. Qué tonta soy. —Es uno de varios que poseo, sí —guarda las llaves en el bolsillo delantero de sus pantalones. Lleva una camisa morada oscura, con las mangas remangadas has

