Ha sido un mes horrible. Ese estúpido bastardo me toma casi todas las noches, sin preguntar, sin medir, sin pensar. Es brusco, salvaje, egoísta… pero ya me he acostumbrado. O al menos, eso me repito cada vez que cierro los ojos y dejo que haga lo que quiere con mi cuerpo. No participo. Nunca. Solo lo dejo hacer. Y eso lo enfurece. Puedo sentir su frustración en cada embestida, en cada palabra mordaz que lanza contra mí cuando se da cuenta de que no logra doblegarme del todo. No he sabido nada de mi familia. Ni una carta, ni una llamada, nada. Imagino que me están buscando, aunque parte de mí teme que ya se hayan rendido. Que me hayan dado por perdida. Que hayan creído sus mentiras. Ahora mismo estoy acostada en su cama, sola. Él casi siempre me manda a buscar cuando cae la noche, como s

