El espejo me devolvió una imagen que no reconocía de mí misma. El vestido rojo de noche que Vanessa se había empeñado en que comprara sin duda estaba muy lejos de ser algo que yo elegiría por mí misma. Su llamativo color y el pronunciado escote que dejaba al desnudo mi espalda no iban acorde a lo que estaba acostumbrada a usar, aunque no podía negar que me agradaba como me hacía lucir. Excepto por la piel de mi espalda, era discreto en todo lo demás y la caída de su falda era perfecta. El maquillaje adecuado al vestuario, unos zapatos de tacón comprados para la ocasión y un peinado de salón terminaron de prepararme para mi noche planeada. —Creo que seré la envidia de muchos esta noche. Dijo amablemente Erik al vernos llegar a Vanessa y a mí, decidimos que nos veríamos en el sitio, así s

