Ese día no era el mejor, nunca lo era lidiar con la familia Sifuentes y para mi infortunio tuve que hacerlo desde temprano, desde que mi padre y Rubén, su primogénito, arribaron al aeropuerto desde la capital para el aniversario de Constructora Sifuentes. Ellos no iban al festejo planeado para ese año ni a felicitarme, era el día elegido para el informe privado de actividades y los dos iban dispuestos a despedazarme. No me hacía mal, en realidad era un buen ensayo para las cuentas que tendría que rendir frente a los accionistas, pero aborrecía tener que verme cuestionado por ellos y sobre todo, por Rubén. Apenas unos pocos años mayor que Mariana, él era por mucho uno de los hombres más despiadados para los negocios que hubiera conocido, vivía para obtener ganancias, de lo que fuera y de qu

