Aquella noche dormí poco y mal. Tuve varias pesadillas con lo que yo suponía era mi pasado. Estaba en la esquina de mi casa, hacía calor, aunque viendo el atuendo de la genta, no debía ser verano. Me resguardé del sol, a la sombra estaba fresco, una fría brisa costera enfriaba el ambiente. Mi yo estaba parada esperando a alguien, se la notaba nerviosa. Era tan extraño verme como si estuviera fuera de mi cuerpo. Me sorprendí al ver a Guillermo caminar con decisión hacia ella. Se saludaron, no como grandes amigos, sino más bien, como antagonistas en tregua de paz. Me estremecí, en mi vida real yo no quería saber nada de él y no lo había vuelto a ver, pero, al verla allí, me sentí incómoda y asustada, sobre todo después de lo que me había dicho Felipe, que debía cuidarme, que corría pel

