La risa otra vez. Me asustaba esa risa, pero más me asustaba no saber quién era la que estaba allí y lo que podía hacerme, seguro quería matarme. ―No lo haré, preciosa, eres muy poca cosa para mí, si quisiera matarte, ya lo hubiese hecho, ni siquiera eres competencia. Una humana ―dijo con ironía―, jamás podrás estar con él, bueno sí, durante un tiempo: mientras dure tu juventud. ―Cállate, Escila ―ordenó Poseidón, su voz seguía siendo poderosa, de una profundidad abismante, parecía una tormenta en medio del mar. ―Querido. ―Rio esa mujer de nuevo―. Díselo, si ella no es Anfitrite, jamás podrá ser como nosotros y solo podrás estar con ella mientras dure su juventud o, si tú sientes demasiada lástima por ella, hasta que muera. Me encogí más en mi cama al oír esas palabras, la forma de h

