14 Bahre, tres semanas después, planeta Tierra Mi compañera miró alrededor de nuestro nuevo hogar con los ojos muy abiertos. —¿Bahre? ¿Esto es una broma? —¿No te gusta? Ellen y Linda me dijeron que te apetecerían estos aposentos. Caminó por la gran mansión que había comprado como regalo para ella y las lágrimas comenzaron a caerle de los ojos. —Esto es demasiado. Maldición. La había hecho llorar. Esta no era la reacción que esperaba. Les había pedido a mis hermanos atlanes que encontraran una residencia digna de mi compañera y cerca de su trabajo. Tane, Iven y Egon habían contado con la ayuda de las amigas de Quinn, dos mujeres con quienes trabajaba: Ellen y Linda. Yo había contactado al consejo gobernante de Atlán, le había pedido a Helion que lo hiciera posible, y en cuestión de d

