Epílogo Quinn, Oficina Central de Noticias 9, Miami, Florida Ellen y Susan merodeaban como dos mamás gallinas orgullosas. Estaría al aire en la mesa de presentación en quince minutos y se aseguraban de que me viera como una estrella de cine para mi primer día de regreso después de mi gran ascenso. Las amaba. Dios, ¡cómo las había extrañado! Y a la Tierra. Y a la cordura mental. Los papeles en mi regazo seguían llenos de información, pero ahora era sobre eventos locales, política y crimen, no solo datos meteorológicos. Finalmente había llegado a la mesa de presentación, gracias a mi guapísimo atlán y al breve vídeo viral de Bahre arrodillado, comprometiéndose conmigo. —Diez minutos. La voz que entró por la puerta me era conocida. Estaba de vuelta donde quería estar. Aunque Bahre

