Capítulo 7

996 Palabras
CAT Me aparté un poco mientras Landon y Marilyn hablaban, tratando de lucir casual, como si estuviese más entretenida en mi celular, pero solo fingía. No podía evitar sentirme emocionada por, finalmente, verlo acercarse a la chica que le gustaba. Aunque no podía negar que, en el fondo, me sentí un poco extraña, pero quizá era normal. Nunca antes lo había visto en esa situación. Luego de que Marilyn se fue en su auto, decidí salir de mi «escondite» y me acerqué a Landon. Lo pillé por sorpresa cuando lo abracé por atrás. —¡¿Viste cómo te miraba?! —exclamé. Me separé de él después, permitiéndole que se diera la vuelta hacia mí. «Lucía adorable sonriendo de esa manera, con las mejillas sonrojadas.» —Uh, ¿verme de qué forma? —preguntó, rascándose la cabeza. Desencajé la mandíbula y me crucé de brazos, mirándolo con acusación. —¿Te vas a hacer el inocente? —cuestioné, antes de darle un golpecito con el dorso de la mano, en el pecho—. La forma en que Marilyn te veía es como una chica ve a un chico que le parece atractivo. No tengo ninguna duda. —¿De verdad crees que le parezco atractivo? —preguntó, a lo que yo asentí; sin un ápice de duda—. ¿Yo te parezco atractivo? No pude evitar reírme por su segunda pregunta, ni por el gesto gracioso que tenía en el momento que la formuló. —El más atractivo de todos —respondí, pasando una mano por su cabello, para despeinarlo. Entonces, empecé a caminar hacia su camioneta. Landon tardó un poco en reaccionar, trotó hacia mí y me alcanzó. —Pensé que ese era Nick —admitió. —Hmm… —emití un sonido pensativo—. Tal vez, Nick sea el segundo. —¿Acaso ocupo favoritismo por antigüedad? Me reí por segunda vez y volví a mirarlo. —Estás haciendo muchas preguntas, Knight —Me dirigí a él por su apellido. —Soy una persona curiosa, Marshall —contestó, siguiéndome el juego. —Bueno, hombre curioso, haznos un favor a ambos y sácanos de aquí —Me giré por completo hacia él cuando estuvimos frente a su camioneta—. Esta chica muere de hambre, son casi las cinco y media. —¿Quieres comer en mi casa? —preguntó, de pronto—. Escuché a mamá decir que hoy haría hamburguesas. Mi estómago rugió tan fuerte como en mis labios se formaba una hambrienta sonrisa. —Eso no tienes ni qué preguntarlo. ¡Tú dame toda la comida que quieras! Esa vez, fue Landon quien rio; capturando mi atención de lleno con ese gesto. —Tus deseos son órdenes.   […]   Me consideraba una persona sencilla, con gustos sencillos; alguien que disfrutaba de los pequeños placeres de la vida. Como aquel momento, en el que estaba tumbada en el piso, con la espalda apoyada del borde de la cama y los pies estirados al frente. Tenía a Landon a mi lado, una jugosa hamburguesa entre mis dedos y una bonita vista del atardecer desde la ventana de su dormitorio. Era feliz con eso. —Oye, ¿y eso? —pregunté, al notar que junto a la pared había un par de mancuernas. Giré la mirada hacia Landon después. Él estuvo confundido, hasta que notó a lo que me refería. —Ah, eso. Son mías. Fruncí el ceño. —¿Cuándo empezaste a hacer ejercicio? —Hace casi un año —respondió. —¿Por qué no me lo dijiste? «No era un reclamo, claro que no. Solo que solíamos compartir todo, era extraño que no me lo dijera.» —Bueno, Kitty, que yo sepa, tú eres algo así como la antítesis del ejercicio. No creí que fuera a importarte. —Oye —Me quejé. Aunque era irónico que pretendiera estar ofendida por esas palabras, cuando en ese mismo momento estaba consumiendo miles de calorías y, además, tenía restos de comida en la comisura de los labios. Esto último lo supe cuando Landon rio y después tomó una servilleta para limpiarme. «Debía parecer una niña de cinco años en McDonald’s.» —Ya, no creí que fuera algo importante. Solo quería estar en forma. —Siempre lo has estado —Sonreí de medio lado—. No por nada te quedas de último en las carreras solo por acompañarme. Era algo que él siempre hacía, solo en las prácticas; claro. No podía darse el lujo de bajar sus calificaciones solo por mí. Pero cuando su rendimiento académico no estaba en juego, Landon me acompañaba mientras corríamos, porque mi condición física era horrible y no le gustaba dejarme sola entre los últimos. —Bueno, soy un ser humano muy altruista —dijo, llevándose una mano al pecho. Rodé los ojos, pero al mismo tiempo sonreí. —Tonto —murmuré, antes de darle otro mordisco a mi hamburguesa—. Qué bueno está esto, por Dios. De verdad, si no es con Nick, no tengo ningún problema con casarme con una de las hamburguesas que prepara tu mamá. Son la gloria. Landon rio por mi comentario, pero después se quedó en silencio. Eso provocó que, como tantas veces, yo me preguntara qué era lo que estaba pasando por su mente. Pero esta vez, lo dijo. —¿Crees que pueda llegar a gustarle? A pesar de que no mencionó su nombre, supe que se refería a Marilyn. —No lo creo, Landon —respondí—. Estoy segura de que sí. El castaño ladeó una sonrisa muy apenas, entonces levanté mi mano, como cuando hacíamos una promesa. Él comprendió mi gesto de inmediato, pues alzó su mano también y entrelazamos nuestros dedos. Entonces, ambos sonreímos. Después, apoyé la cabeza de su hombro y seguí comiendo en silencio, mirando los colores del atardecer que iluminaban de tonalidades naranjas la habitación. Una extraña sensación recorrió mi pecho cuando pensé en que, en algún momento, Marilyn ocuparía ese lugar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR