Hace cinco años que papá nos dejó. El segundo infarto fue devastador, y aunque luchó con todas sus fuerzas, la cirugía terminó apagando su vida. Su partida dejó un vacío enorme, uno que todavía duele profundamente. Era el pilar de nuestra familia, el ejemplo de fortaleza y amor. Recuerdo que cuando recibimos la noticia en el hospital, todos nos abrazamos en silencio, buscando consuelo entre nosotros, pero sabiendo que nada podría llenar ese hueco. Mamá se derrumbó, y desde entonces, su vida cambió drásticamente. Decidí traerla a vivir conmigo, no podía dejarla sola en esa casa llena de recuerdos, donde cada rincón le recordaba a papá. Al principio, se resistió. Aunque sé que mis hermanos no la dejan sola, estuvieron de acuerdo con mi decisión. —No quiero ser una carga para ti —me dijo c
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