La visita fue increíble y sentí que por lo que había pasado por fin cobraba sus frutos. Ver los rostros alegres de personas que hasta hace poco no conocieron más que sufrimiento, represión y miedo, era una vibra increíble que me hacía conocer la paz. El sólo llegar a casa y ver a mis chicos preparar la cena junto a Malor y mi hija pequeña esperándolo mientras se movía como siempre en su porta bebés, era el extra incomparable para una vida perfecta. . . . Estaba en el patio, sentada con las piernas cruzadas y hacía calor, delante de mí estaba Amaloha en su sillita, haciendo ruidos graciosos y moviéndose, le sonreí tontamente. Usaba una franelilla rosa y unos shorts de jeans, el día en serio era caluroso y giré la cabeza al oír la voz de los chicos venir desde dentro, podía verlos a tra

