La fiesta continuó de maravilla, me di cuenta, al llegar Alondra, que todo estaba fríamente calculado y que era un maravilloso plan creado por mi detective de ojos azules. Estaba feliz, radiante, y muchos me felicitaban a la vez que otros me miraban con extrañeza. Y estaba bien, era normal, no tenía nada en contra de eso. Bailé un rato con las chicas, más risas que caderas, y aunque no había tomado mucho alcohol, sí andaba un poco encendida. -¿Oye, y Malor?- preguntó Al y miré alrededor, efectivamente, no estaba cerca. Aunque pudo detenerse a charlar con cualquiera de sus conocidos, y eran muchos, pero el asunto era que nunca duraba más de cinco minutos sin acercarse a mí para ver si todo marchaba bien -Debe estar por ahí- respondí con simpleza y recibimos las copas de vino que Damir

