-Por fin…- exclamé, no podía creerlo. tres meses habían pasado, seguí con las terapias, aunque Kodak tenía prohibido dirigirme la palabra, no por ninguna orden, sino por decencia. Me miraba fijamente siempre en el centro de rehabilitación, pero no era capaz de mantener el rostro en alto cuando lo confrontaba con mis ojos llenos de desprecio. Aún así, me servía de mucho y retomando las terapias físicas, dejé el baston para caminar por mi cuenta. Estaba lista y preparada, a punto de emprender la marcha. Mi escuadrón estaba terminando de armarse. Contaba actualmente con veinte miembros, ingenieros tecnológicos, hackers, además de los policías postulados. Había doctores psiquiatras e internistas, marines, miembros de la naval, y todos y cada uno de ellos tenía su propia historia que lo había

