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615 Palabras

-Creo que… Terminamos- dijo Al con una sonrisa alejándose de mí para admirar su obra, busqué mi reflejo en el espejo y sonreí, sí que se había lucido. Mi cabello estaba mucho más largo que antes, llegaba a la mitad de mi trasero y gracias a Alondra caía en suaves ondas, mi vestido era blanco totalmente, de mangas largas y una tela delgada que era totalmente fresca, y que acababa centímetros sobre mis rodillas, mis sandalias eran plateadas y bajas y combinaban con el sobre plateado que llevaba en las manos-Te ves preciosa, Nat- aseguró y la miré, mi vientre casi estallaba mi barriga de ocho meses era preciosa y estaba ansiosa porque Amaloha llegase a cambiar nuestro disparatado mundo. -Te luciste, cariño- la felicité, la verdad es que ahora parecía toda una estilista, había aprendido cier

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