La cena fue exquisita, me reí como nunca mientras llegaba la crema de camarones y en ese momento me di cuenta de que Alondra y tenía razón, nos merecíamos un tiempo solos, después de todo con la llegada de la bebé en un mes era necesario este time out. -Te ves tan hermosa hoy, cariño- dijo tomando mi mano a través de la mesa y le sonreí. Sus brillantes ojos me hacían sentir que miraba el cielo. -Dicen que las embarazadas tenemos cierto brillo- bromeé mientras mis mejillas se calentaban a lo que él respondió en chiste -No, no...Lo tuyo es algo más “picoso” que “brillante”- ambos nos reímos de su mala broma y sus dedos acariciaban con delicadeza el contorno de mi rostro y suspiré sintiendo la paz que me transmitía- Creo que nunca he amado a otra persona como te he amado a ti, Nat- admiti

