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1359 Palabras

-Eres un pendejo- aseguré mientras dejaba un beso en mi frente- Sólo quise… Explorar un poco en la cocina- dije encogiendome de hombros como si nada. Como si no hubiese dedicado una noche a buscar la receta perfecta que no fuese ni complicada ni exagerada. Él se cruzó de brazos delante de mi y alzó una ceja. -¿Seguro que es sólo eso y no quisiste llenar el espacio de las chicas con comida casera?- Malor era bueno, realmente bueno. Hice un puchero mientras mis ojos se llenaban de lágrimas y él me abrazó con cariño- Amor, ellas estarán bien, no hay nada que temer. Las veremos seguido, ¡Las conoces, no querrán salir de aquí!- dijo exagerando y me reí mientras lloraba separándome de él y poniendo mis palmas sobre su pecho. -Sé que es estúpido, pero yo…- suspiré- No sé, supongo que a ambas la

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