La bala entró y salió del hombro de Alana, cayendo justamente donde esperaba: en el pecho del motorizado. -¡AAAH! - soltó a Alana y ella cayó al suelo de rodillas y manos. Alondra corrió a ella y la ayudó a levantarse en el momento en el que llegaron dos patrullas y una camioneta negra de donde se bajaron Ella y Patrice corriendo hacia mí, mientras yo caminaba cada vez más cansada hacia el hombre del casco integral que se estaba desangrando junto a su motocicleta derribada. -¡Natalia!- gritaron ambas, pero las ignoré. Me sentía cada vez más cansada y el bebé se movía intensamente, pero debía verle el rostro. Debía saber quien era. Le quité el casco y mientras se doblaba del dolor, no pude evitar sorprenderme al observar un rostro idéntico al de Samuel Harris, el esposo de mi madre. -¿Q

