Por el camino ya no le fue diciendo más cosas y es que el clima había cambiado de una forma tan drástica que daba un poco de miedo, sobre todo aquel ventarrón que comenzó a azotar los árboles y que casi se lleva el nuevo sombrero de Lucille; Daniel dejó los ojos fijos en ella mientras continuaban avanzando, ante él, la figura de Lucille se perfilaba con una gracia inigualable, montando a caballo, la luz de ese nublado día envolvía su silueta acentuando cada curva de su cuerpo mientras se balanceaba al ritmo del trote del animal. Desde su posición, Daniel podía ver cómo el viento jugueteaba con su cabello, enviando mechones sueltos a bailar sobre sus hombros, su postura, erguida y elegante, mostraba una confianza innata, una mezcla de fuerza y feminidad que lo dejó embelesado, el movimient

