— Opino que debemos decirle – papá me mira como si me hubiese salido un cuerno gigante. Miro el vaso con whisky a medio tomar que llevo en las manos, preocupado por la situación de Caterina, hemos cometido errores y ahora todo se quiere ir al caño. Mi impresión fue casi una hecatombe al enterarme de que los De Santis no son sus padres y que no son los dueños de la herencia, sino que es ella sola. Sin embargo pienso que no debe ser engañada porque luego las mentiras salen y podemos herirla más aún. — ¡Sí, claro! – expone mi hermanito — ¿y que se supone le diremos, genio? – indaga impertinente. — ¡Pues la verdad Nick, ya no debe estar engañada! – resoplo enojado. — Por supuesto – lo miro con ojos entrecerrados esperando la locura que va a expresar — ¿Qué te parece esto? –

