¡Dios, necesito aire!
No recuerdo la última vez que tuve sexo tan… duro. El hecho de que mi hermano estuviese mirando me sacó de órbita, no soy un dominante y tampoco soy agresivo, no le haría daño a Dimí ella es especial. Bueno en realidad no le haría daño a nadie, Danna y Josephine dicen que soy su “caramelo”, sonrío por eso, ellas son… un par de bellezas.
— ¿Te encuentras bien preciosa? – paso los dedos por su mejilla, suave y tersa. Ella asiente casi dormida.
— ¡Déjala descansar un momento! – Dijo Nick — Tú también deberías relajarte, te ves alterado. Toma un trago – mi respiración no ralentiza y quiero hundirme en ella de nuevo.
No me había dado cuenta de todo lo que necesitaba tener sexo en estos días, entre la universidad, las prácticas y Caterina; olvido hasta mi necesidad de aliviar mi cuerpo tenso y cansado. Acepto el vaso que ofrece mi hermano y me tomo la mitad del líquido.
— ¡Gracias!
Me observa sonriente y con las cejas alzadas.
— ¡Vaya, tienes problemas con la bebida! ¿Eh? – se carcajea — ¿Debo preocuparme? – pregunta fingidamente serio.
Levanto el dedo corazón en una seña insolente y ríe de nuevo.
— Solo estoy un poco tenso – sonrío y me aparto de Dimaku para no parecer un acosador.
Guardo mi hombría rígida aun dentro del bóxer y subo el pantalón, los ojos de Nick brillan y su boca torcida en una sonrisa hace que bufe molesto. En realidad estaba bastante necesitado, ni siquiera me quité los zapatos.
— ¿Ves lo que digo? Deberías de llevarlo más suave amigo, quieres brincarle a la chica de nuevo.
Suspiro y me siento a su lado en un banco, observo el pequeño cuerpo de Dimaku y miro de reojo a mi hermano.
— ¿Crees que estoy enfermo? – Sacudo la cabeza resignado — Tienes razón, quiero saltarle encima de nuevo.
Nick palmea mi espalda en un gesto cariñoso aunque viniendo de él es casi mortal considerando el tamaño de su mano y la fuerza bestial que tiene.
— ¡No lo creo! – Dice en un susurro — Solo necesitas relajarte más a menudo – informa en un tono bastante paternal — deberías utilizar más tu membresía en el Material Girl, es un consejo.
Ese club es uno de los más exclusivos en la zona, mi hermano es el accionista mayoritario y por supuesto yo tengo membresía de regalo por eso. Las chicas son… fantásticas, no lo puedo negar y su trabajo es limpio y profesional. Nick obviamente es el consentido ya que su dominio es reconocido, incluso los dominantes que residen en el lugar lo respetan. Es una bestia.
— Me lo estoy pensando, la cabeza me va a reventar y los músculos parecen de acero – me quejo — Duelen como el infierno.
Asiente entendiendo mi explicación.
— Necesitas sexo hermanito, eso es todo.
Dice como si fuese lo más obvio del mundo.
— ¿Por qué necesito sexo?
Indago aunque se la respuesta.
— Endorfinas – pronuncia con simpleza — ellas ayudan a relajarte por completo, nuestro cuerpo necesita esa sensación de liberación y luego de adormecimiento – sus comisuras se levantan — ¡Aunque ahora tú necesitas una dosis múltiple!
Se carcajea con ganas.
La chica despierta ante el bullicio y me observa como si fuese algo comestible, el cabello le cae entre los hombros y los pechos, mi respiración se entrecorta y casi me ahoga. Sonríe. Muerde su labio inferior y se acomoda de rodillas sentándose en sus talones con las piernas abiertas; dejando ver su vulva hinchada rozando el colchón. Mi m*****o palpita furioso tratando de salir, llevo mi mano derecha hacia el sin dejar de mirarla a los ojos, mientras observo como lame sus labios al detallar la posición de mi mano. Observa a Nick y sonríe, la cabeza me da vueltas; en serio necesito distracción. Intento levantarme y mi hermano me lo impide.
— ¡Mi turno enano! – utiliza ese seudónimo para detenerme con la mano en mi hombro.
Sube a gatas en la cama y la chica tiembla, a pesar de ser un tipo que mete miedo, se perfectamente que el temblor de ella es por la excitación y la anticipación. Levanta su rostro por la barbilla con delicadeza y ella sonríe, la besa sin tocarla y mi vista cae en su entrepierna de donde se desprende una gota de su esencia y va a dar a la sábana ¡mierda! Me revuelvo en el asiento donde me encuentro.
— Tranquilo hermanito, hay suficiente para ambos — se lo que pretende — ¡Gírate cielo, necesito verte dispuesta para mí! – la chica gimotea porque la separa de su boca.
Obedece la orden y se gira para quedar de espaldas a él quien besa los hombros y va besando cada centímetro de su espina dorsal hasta tenerla recostada en la cama con los pechos aporreados por el colchón, mi respiración es un caos junto con mi pulso, siento que me ahogo. A diferencia de mi hermano, con su respiración acompasada y los movimientos perfectamente medidos es el rey del sexo; su autocontrol es impresionante, yo estoy que me corro de verlo jugar con ella. La posición es perfecta para detallar su sexo húmedo y delicioso ¡Dios, me siento como un aberrado, pero es muy erótico! Nick pasa dos dedos por su entrada y coloca el vaso frío justo en la espalda baja de la chica.
— ¡Aaaah! – grita mientras la penetra con sus dedos y rueda el vaso frío por la delicada espalda.
— Eso es Nena, no te muevas – su tono es bajo, pero lo suficientemente fuerte para que lo escuche — ¡acércate Enano, ubícate frente a su rostro y desenfunda! – él siempre sabe qué hacer.
La anticipación me está matando, las piernas me tiemblan y el estómago parece un enjambre de abejas, la piel pálida de la chica me provoca y paso la yema de los dedos sobre la humedad que dejó Nick al pasar el vaso frío. Saca los dedos y Dimí lloriquea, los lleva a su boca y ella los lame. Levanta su cuerpo para llevar la espalda hacia su pecho e introduce ambos dedos en su pequeña boca, sacudo la cabeza y ya descalzo me siento sobre los talones.
— Sabes muy bien preciosa ¿cierto? – Dice mi hermano y ella asiente muy sonriente — Ahora ¿ves a mi hermano? – Mueve la cabeza para afirmar y sonríe ansiosa — ¡Quiero que le des cariño a mi hermanito mientras yo te lo doy a ti! ¿Entiendes? – Afirma de nuevo y ya casi me corro — ¡Quiero que lo disfrutemos los tres! – la baja hasta que su rostro queda justo frente a mi pelvis. Suspiro.
En el momento que Nick baja la cabeza para meterla entre los glúteos de la chica ella me toma en su boca, gruñe y yo suelto un jadeo mientras mi hermano hace un sonido de deleite que me hace mirar hacia lo que está haciendo. La excitación me embarga a tal grado que quiero correrme ya, pero no puedo hacerlo, ella espera que la complazca un rato ¡Dios, me encanta esto!
Su sedosa lengua juega con mi hombría de manera profesional, me proporciona un placer deliciosamente infinito. Masajeo su cuero cabelludo a la vez que bajo la cabeza hacia su oído susurrando palabras dulces y de ánimo para que continúe con su trabajo, que por cierto le sale genial.
— ¡Así preciosa, eres genial, deliciosa! – observo sus ojos nublados por el deseo y la satisfacción de recibir este doble placer.
— Lo haces excelente cielo, muévete un poco – Nick la anima a que consiga su liberación, está siendo sutil con ella y eso… es nuevo en él.
Gime y tiembla, aprieta mi m*****o con los labios y suspiro tratando de controlarme mientras mi hermano acaricia su sexo completo, cambia sus dedos por su m*****o y ella lo siente, lo disfruta cuando la penetra con cuidado. Gime y se retuerce haciendo presión en el glande, tomo aire, exhalo, mi respiración se vuelve más trabajosa a medida que este choca contra su garganta. Cierro los ojos con fuerza sintiendo como me toma por completo en su tibia cavidad, no aguantaré mucho ya que ella se encuentra en la cima a solo segundos de liberarse, lo que me motiva aún más a correrme, no quiero hacerlo en su boca, sin embargo ella lo toma de nuevo por completo barriéndome, obligándome, apretando de tal manera con su deliciosa garganta que me derramo con un gruñido casi animal haciendo que ella llegue a su clímax y que mi hermano también lo haga.
El resto de la noche nos pasamos jugando de nuevo, ella recibe con gusto los azotes que le propina mi hermano, no participo ya que ese rol no es para mí, así que me dedico a mirar. La tomo dos veces más y prácticamente quedo rendido. Mi hermano hizo los honores al asearla y trasladarla a su camarote para evitar malos entendidos y sacó la cama baja para recostarse.
— Hey vaquero, despierta y cámbiate mientras cambio las sábanas – lo miro con el ceño fruncido y me remueve divertido — ¡despierta, que si la Gladiola se percata nos asesina! – espabilo y me voy al baño para ducharme.
Al regresar ya está todo listo y me lanzo a la cama para descansar, huele a whisky y a loción de afeitar. No puedo mantener los ojos abiertos por el cansancio.