Giro y me tropiezo con un cuerpo blandito y que huele delicioso, se pega a mi torso y besa mi cuello, tiemblo estremeciéndome al instante porque sé de quién se trata. Gruño y resopla una risa.
— ¡Gladiola! – advierto cuando muerde uno de mis pectorales — ¡ey eso dolió! – separo la cabeza de la almohada para verla sonriendo como una niña traviesa.
— ¡Que gordo! – jadeo ofendido — ¿qué? No cabemos aquí – se sienta y gira la vista para acto seguido brincar a la cama grande junto a mi hermano.
— No estoy gordo Nena, solo robusto y lleno de músculo – pone los ojos en blanco y río divertido.
— Eres un gordo arrogante – me saca la lengua y esconde la cabeza enterrándola en el pecho de d**k el cual despierta sobresaltado.
— ¡¿Qué, que pasa?! – ríe divertida y se pega más a su cuerpo — ¡por todos los cielos Catrina! – ella lo besa por toda la cara — ¿quieres matarme Nena? – niega y se sienta sobre su panza.
Mi hermanito cierra los ojos, sé que está agotado por la noche movida y esa pequeña Gladiola no lo va a dejar dormir, subo a la cama, la atrapo por la cintura, suelta una risotada y se carcajea cuando le hago cosquillas con todos los dedos. Tapo su boca y acto seguido la tumbo en la pequeña cama que es un apéndice de la otra.
— ¡Hey eso no es gracioso! – reclama, sonrío inocente.
— ¿Quieren callarse? - gruñe d**k.
— Eso es por llamarme gordo Pequeña loca – susurro a su oído, me saca la lengua y sonrío — ¡ven! – sube al instante y me abraza de frente, la detengo girándola para pegar su espalda a mi torso. Suspira.
— ¡Cállense o lárguense, dejen dormir! – tapo su boca de nuevo.
La pequeña bruja me hace cosquillas y no puedo detenerla, es demasiado rápida y yo tengo demasiado cansancio para poder defenderme, me siento aletargado y con sueño. Se sienta a mi lado y articulo un “acuéstate por favor” y lo hace con la cabeza recostada sobre mi brazo. Quedo frito al instante e imagino que ella también.
...
Escucho risas lejanas, voces que murmuran palabras ininteligibles, razón por la cual abro los ojos y encuentro un picnic en la cama. Me incorporo y la sonrisa de catrina me desarma por completo. La amo y no puedo ocultarlo. Sé que mi hermano está enamorado de ella, sin embargo eso no me ha impedido amarla como lo hago, sin embargo creo que en el momento en el cual exprese su interés por ella, me retiraré al instante. Él haría lo mismo, además mi madre me mataría de saberlo, me echaría de la casa al instante y a ella, de seguro la encerraría para lo que le resta de tiempo para cumplir la mayoría de edad.
— ¡Buen día “Bello Durmiente”! – expresa divertida mientras come un gran trozo de pizza calentada al microondas. Hago una mueca de disgusto ante su manera de comer.
Mi hermano sonríe ante el apodo, pero no dice nada al percatarse de mi malestar, ruedo los ojos dejándolos solos en la habitación y me largo al baño. Soy un malhumorado además de que no es de mi agrado dormir sobre migas de comida, me doy una ducha rápida para bajar a desayunar, comer un poco de fruta y tomar mi acostumbrado jugo verde, porque para mantener este cuerpo debo cuidarme.
Luego de una merecida ducha y un cambio de ropa salgo hacia la cubierta donde se encuentra una mesa delicadamente adornada con canastos de fruta y de pan. No soy asiduo al trigo, pero hoy me provoca. Ya sentado degustando unos espectaculares huevos revueltos con tocino y patatas, tal como me gustan, estilo chef, un sándwich con tomate, lechuga queso y pollo, ojeo la prensa ya que me gusta leerla en físico. Así como soy exquisito para comer, tampoco soy asiduo a la comida chatarra.
Catrina se acerca haciendo una mueca graciosa, arrugo el entrecejo mirándole la cara. Acomoda un mechón dorado de su cabello rizado tras la oreja sonriéndome como una niña.
— Eres un pijo – arruga la nariz. La miro serio.
— Tienes salsa de pizza en la cara, haz el favor de limpiarte – le lanzo una servilleta.
Pone los ojos en blanco, insolente y odiosa haciéndome muecas raras y pasando la servilleta por toda la cara, el cuello e incluso el cabello. Me trago la risa. Mi hermano se detiene de súbito y arruga la frente al verla haciendo quien sabe que cantidad de monerías. La ignoro deliberadamente para terminar de desayunar.
— ¡Hay que joderse tío! – levanto la vista y tiene los brazos en jarra —. Se come el sándwich con cuchillo y tenedor ¿lo viste d**k? – mi hermano se cubre la cara, no aguanta la risa, yo quedo con el tenedor a medio camino.
Meto el trozo de pan a mi boca, lo degusto con parsimonia, luego bebo un sorbo de café para acto seguido limpiarla con la servilleta de tela. Su boca se abre y gira señalándome con el dedo pulgar, sonrío a medias, termino los últimos bocados con ella parada al frente de mí sin poderlo creer.
— Catrina no seas insolente – regaña mi hermano.
— ¿Quién yo? ¡Él es quien lo provoca, es un... un suntuoso, con su actitud toda opulenta! – d**k se carcajea con ganas.
— Se llaman buenos modales, Salvajita – me refiero a ella con el apodo para hacer notar la diferencia, saca la lengua en un gesto desagradable a la vista —, te sugiero tomar clases de protocolo para no errar el tenedor o la cucharilla adecuada “Gladiola maleducada” – me saca el dedo corazón y me recuesto al espaldar de la silla.
— ¡Catrina por favor! – levanto la mano para que la deje en paz.
— ¡Siéntate por favor! – le indico la silla que se encuentra frente a mí al otro lado de la mesa —. Quiero enseñarte algo – obedece.
pienso.
Hace una mueca horrorosa con la cual parece un pato constipado y sonrío sin poder evitarlo, es mal educada y grosera ¡ok, me encanta que sea de ese modo! Pero los trámites para obtener la tutoría ya están avanzando, ella tiene que aprender muchas cosas en estos momentos para que tengamos todas las probabilidades a nuestro favor.
...
Atiende a mi explicación detallada de cada una de las piezas que conforman el protocolo de cubertería, sé que ha entendido por lo menos el veinticinco por ciento de lo expresado y con eso basta por ahora. Su presentación en sociedad como parte de nuestra familia es a fin de mes en la Gala Anual de la Fundación Paris Hudson, una de las más reputadas en Manhattan donde mi madre ejecuta su actuación como Anfitriona y Filántropa dentro de la Alta Sociedad bajo el régimen de los Aristócratas y Burócratas de dicha comunidad.
Yo como su representante directo me encuentro al tanto de toda la organización del evento y puedo participar en todo lo que al gran evento respecta. No tienen que ser presenciales mis visitas, pero mi madre es de las mujeres más perfeccionistas que he conocido en mi vida y me obliga – lo cual hago de buenísima gana – a presentarme. El lunes en la mañana debo reunirme con el comité de organización, el de protocolo y logística para definir lo que respecta al bufet, el vino y el espectáculo – eso incluye la banda y una representación teatral – que van a presentar como animación de la noche. Mi madre necesita – siendo esa su palabra favorita – que Catrina aprenda lo necesario con respecto a protocolo y buenos modales para esa noche.
— ¿Y se supone que debo aprender buenos modales por? – indaga metiendo un trozo de pan en el jugo de naranjas, por lo cual muero de asco.
— Pues verás Gladiola! Este fin de mes habrá una Gala Benéfica – pone los ojos en blanco y se ve preciosa con ese mohín horrendo —. Mi madre desea presentarte en Sociedad como parte de nuestra familia – hace una honomatopeya como la de un motor encendiendo con la boca. mi hermano se tapa la cara con las manos para no reírse y yo resoplo cansado — ¿sabes que te vez horrorosa haciendo todas esas muecas? – le digo y se encoje de hombros.
— Me importa una mierda ¿sabes? – sube las rodillas y las abraza contra el pecho. Suspira. Por un momento creo que va a decir algo, sin embargo se queda callada.
— Cariño si deseas decirnos algo este es el momento – mi hermano acerca la silla y toma su rostro entre las manos —. Sabes que puedes confiar en nosotros – pero en lugar de hablar, sus ojos se humedecen y sus labios tiemblan para acto seguido echarse a llorar en su hombro.
Respiro profundo, esto va a ser difícil, ella alberga mucho dolor y no se descarta la posibilidad de que sus padres la reclamen haciéndola pasar por otro infierno, moriría antes de entregárselas, con su tío preso y una denuncia haca sus padres por negligencia, tenemos tiempo, pero solo tiene quince y debemos ser mucho más astutos para que ellos no sientan la necesidad de solicitarla, ellos no la quieren, no la aman porque de otro modo la habrían protegido de ese monstruo. Sus lágrimas fragmentan mi corazón en mil pedazos, cada vez deseo más que se quede con nosotros, mantenerla a salvo es nuestra prioridad.
La aversión y el rencor que siento por esas personas es inimaginable, necesitamos estar alerta, porque de ser su derecho, nos la quitarán y no creo soportarlo.